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Archive for the ‘Cotidianidad’ Category

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Hacer la Certificación de Life Coaching en el Carlotti Coaching Center significó para mi reconciliarme con mi verdadera esencia, mi pasión y mi propósito de vida. Fue un viaje de re-descubrimiento y reencuentro con lo que realmente prela para Victoria por encima de todo aquello que “debería ser” según las creencias y los paradigmas sobre-impuestos, y en muchos casos auto-impuestos, por las experiencias vividas, por las referencias y patrones familiares, sociales, culturales y de grupo.

 

Cada módulo con sus clases presenciales, practicas personales y sesiones en vivo. Cada herramienta de coaching con su ejemplo individual. La pasión de un Trainer por dar y dejar lo mejor de sí. El estudio de las Maestrías, que para mí son, más que habilidades que un Coach debe aplicar en sus sesiones, son principios de vida. Si más personas las aplicáramos a diario, estoy convencida de que el mundo sería un lugar con más seres enfocados en las posibilidades y no en los límites, un mundo con más armonía, donde al escucharnos comprometidamente procesando en tiempo presente en nuestras conversaciones, una energía de confianza fluiría y permitiría que fuésemos más capaces de entendernos y aceptarnos, y que al expresarnos sin juicios lograríamos tener la sincronía para hacernos las preguntas precisas y valiosas que nos permitirían clarificar y clarificar-nos. Seriamos de esos individuos que en vez de dar consejos teñidos por nuestros propios temores, apoyaríamos a otros a expandir su potencial y encontrar las estructuras de apoyo necesarias para alcanzar todos sus propósitos. Por ende entonces el mundo sería un lugar con más personas felices, ya que más soñadores estarían realizando sus proyectos y sueños.

 

En mis tareas para terminar esta certificación tuve el regalo de poder tener dos coachees que son hermanos. Me llevó un tiempo poder elegir a uno solo para la entrega de mi trabajo final, porque ambos fueron teniendo un crecimiento y progreso que en términos sensoriales se podía percibir con solo verles sus rostros, posturas y su energía cada sesión más fresca, renovada y feliz. En cuatro sesiones la relación y atmósfera de su hogar mejoró, ambos clarificaron sus anhelos y metas, pasaron de ser personas que solo “querían algo” a ser individuos organizados y claros de qué pasos llevar a cabo para lograr sus objetivos. Cosas como pasar de decir “me siento como una pera de boxeo” en la primera sesión a luego verbalizar “siento que me quité un peso de encima”.

 

Debo reconocer también que elegir una sola sesión grabada para enviar, a razón de ser evaluada, fue un proceso de escuchar cada sesión más o menos tres veces. Eso me sirvió para darme cuenta de que mi perfeccionismo me ha hecho retrasar y auto-sabotear cosas importantes en mi vida, así que decidí no retrasarlo y enviar la primera sesión llamada “Sesión 0” y darme la oportunidad de soltar el control y romper mis estructuras mentales, permitiéndome ser evaluada en la inocencia de mis inicios, con mis errores e imperfecciones.  No es quizás la sesión más brillante que realicé, tuve mejores. Si queda claro en ella el tema a trabajar de mi Coachee, que es pagar las deudas, así como el valor detrás de esa meta, que es la tranquilidad. Tal vez no se pueden captar específicamente reflejados paso a paso los otros cinco aspectos del modelo de “Conversación Coach”.

 

Sin embargo, he elegido esta sesión porque fue muy impactante para mi ver que, aun con mi inexperiencia, logré la confianza para que el Coachee se sintiese con la libertad de tocar temas muy trascendentales en su vida. También siento que en esta sesión pude estar en absoluta sincronía y presencia con mi Coachee, se pueden destacar los silencios y, lo más importante, creo que esta sesión vislumbra el tipo de Coaching que voy a desarrollar.  Para mí, detrás del logro de cualquier meta hay algo mucho más importante que es la transformación que surja en el camino hacia ese logro, e inevitablemente, al enfocarnos en la transformación personal pueden salir durante la sesión asuntos internos e incluso del pasado que ameritan un poco de atención para que exista la verdadera transformación.

 

Yo podría haber enviado otra sesión mucho mejor estructurada, pero escuchar esta primera y ver a mi Coachee hoy, me hace tener la confianza absoluta de que a pesar de mis desaciertos hice un gran trabajo, y esa ha sido una de mis mayores ganancias como Coach, poder decir en presente: confío en mí, y ¿si no logramos la confianza, de un lado y del otro, como puede haber sesión de Coaching?

 

Finalmente elegí esta sesión porque me gusta como pude enlazar la sensación de una situación trascendental del pasado con la sensación que puede surgir al lograr el objetivo actual. Esta sesión fue el inicio de un proceso gigante de transformación. Mi Coachee obtuvo claridad en su situación actual, se organizó y realizó una planificación de todo su año buscando un equilibrio en todas las áreas de su vida. Pasó a ser una persona más optimista, expresando por el mismo que ha dejado de quejarse tanto. Descubrió y se planteó nuevas posibilidades, abriéndose a generar ingresos de diversas fuentes, no solo la que él tenía en mente. Entró en acción y eso le dio más tranquilidad, que es el valor que hay detrás de su meta. Encontró y se alineó a sus estructuras de apoyo. Está en la consecución del pago de sus deudas. Retomó la capacidad de observarse a sí mismo, se reencontró consigo y se respeta más. Por cuenta propia diseñó en forma escrita la versión de sí mismo que quiere llegar a ser y está en la construcción de ese nuevo Yo. Aumentó su nivel de consciencia y dijo con énfasis y entusiasmo en su última sesión: “Siento que he avanzado y esto me ha encaminado, yo sé que este año va a ser diferente”

 

Cuando me tocó empezar las practicas uno de los retos más grandes para mí fue “hacer preguntas”. Soy una persona que fui entrenada por años a escuchar sin juicios y mantenerme en el momento presente, por lo cual esto no era un problema, pero hacer surgir las preguntas que pudiesen invitar al Coachee a encontrar respuestas realmente valederas para la consecución de su objetivo, es algo en lo que trabajé y tuve que ir desarrollando. Crecí en cada sesión con mi Coachee, siento que cada una fue mejor que la otra, que fui aprendiendo a escuchar sin dejar que la sesión se convirtiera en una conversación de amigos. Descubrí mi capacidad de hacer preguntas y tuve la habilidad de hacer sesiones que en tan solo 15 minutos se pudieron tocar claramente el tema, la situación real, la situación ideal, las opciones, el plan de acción y el compromiso del Coachee. Con la transformación de él fui también transformándome yo, no solo como Coach sino en mis procesos personales, e incluso en el enfoque para el logro de mis propias metas.

 

Cada día me apasiono más con mis coachees, con sus metas y su transformación. Es realmente fascinante presenciar ese proceso. Lo más significativo para mí ha sido poder ser testigo y compañía en la metamorfosis de un individuo, viéndolo pasar de la oscuridad a la luz. Eso es algo que no tiene precio y es el valor más grande de mi vida: poder “servir” a otro ser humano, y aportar para que este mundo mejore llenándolo de personas más brillantes.

 

Definitivamente esta certificación me ha impactado profundamente y me ha hecho retomar el camino de servicio que tanto me llena. Creo que es solo el comienzo, hay mucho que estudiar y desarrollar. Es vasto el conocimiento y practica que aún falta por adquirir. Me siento con el compromiso y la responsabilidad de desarrollarme y hacer del Coaching una profesión digna de ser apreciada y valorada como cualquier otra, porque es ciertamente una tendencia que algunos han tomado como moda, pero que cada día exigirá de más profesionalismo y altos estándares de excelencia.

 

Yo tomo el Coaching con sus Maestrías como un estilo de vida y estoy comprometida a aplicarlas para crear un mejor futuro, para desarrollar relaciones más armoniosas, familias más estables, individuos más felices, y la Venezuela que tanto queremos ¡Esta aventura apenas comienza para mí! Gracias al Carlotti Coaching Center por expandir mi brillo y por darme la oportunidad de ser parte de la brillante expansión que ya se esta gestando en el mundo.

 

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Si tuviera que definir en una sola frase lo que fue para mi el 2016, diría que fue un año de muchísimo “movimiento y control”.
Tuvimos un inicio con fuerza y determinación pudiendo ver materializada una de nuestras metas. Fácil, la razón que había detrás de ese logro llevaba un nombre claro: Sebastián David.
Se movió tanto hacia afuera, tanto accionar, organizar, hacer, dar. Viajes, encuentros, equipo, paseos, trabajo. Mucha preparación, reconocimientos, charlas, planes. La firme decisión de empezar a subir el puente mas importante de mi existencia y de pronto cuando tenía todo previsto y calculado, la vida viene y me lo arrebata todo. Me quedé parada en la punta viendo como se iba desmoronando y cayendo el paso claro por el que tenia pensado transitar.
Así que el movimiento dejó de ser externo para obligatoriamente tener que ser interno. No recuerdo jamás haber tenido una sensación tan clara de lo que es tenerlo todo y luego perderlo. Es algo difícil de explicar con palabras pero es profundo e inmanejable.
 
Admiro la paciencia de mi compañero de vida, su creatividad y perseverancia para encontrar maneras, y su infinito anhelo de hacerme feliz.
 
Tengo que confesar que por momentos creía que no encontraría salida. Es como si la pasión y el fuego de mi vida se hubiese extinguido, y aun con toda la inspiración y la grandeza que me rodea, no hallaba la forma de re-construir. 
 
Fue entonces cuando empezaron a venir las posibilidades y comenzaron a soplar vientos de libertad. Una nueva oportunidad para amar mas de cerca a mis padres, un nuevo sobrino, conocimiento estelar,  momentos de disfrute con mi ahijadita, un nuevo formato de eventos, invitación a un proyecto distinto, una voz que me invitaba a encontrar mi propia forma y manera de hacer las cosas, y el despegue de un viaje completamente inesperado hacia mi misma.
 
Pero aun con “el hacer” en stop, el movimiento interno era tan intenso que a veces no me alcanzaba el tiempo para llegar a comprender, hasta que un día una sabia mujer china me dijo unas palabras muy conocidas por mi, pero que en ese momento fueron como un inmenso re-descubrimiento, ella me dijo: Suelta el Control.
 
Aquello fue como si hubiesen detonado el gatillo de una bomba nuclear en serie, de ahí en adelante he visto irse derrumbando como naipes, una a una, estructuras internas que parecían ya no estar allí pero que por alguna extraña razón yo misma las había levantado nuevamente. Fue inevitable que esa marea arropara con olas algunas costas vecinas, que aunque parezcan haberse perdido cosas realmente importantes, me re-afirmaron, una vez mas, que el miedo a perder solo nos indica que es menos pesado, dejar ir…
 
Control. Algunos tienen tanto miedo a perderlo que parecen robots, y en tanta “perfección”, no llegan a darse cuenta los infinitos y deslumbrantes regalos que están dejando de darse y de dar a otros. Por lo general, esos instantes donde ya no podemos sostenerlo dejan un profundo silencio,  certeza y paz interior. 
 
Yo he aprendido en este año 2016 que no puedo controlarlo todo y que en realidad no me hace bien creer que puedo o debo hacerlo. Me he percatado que a veces entre tanta inspiración externa dejamos de mirar hacia adentro y admirar la fuente mas poderosa de grandeza  que hay en nuestras vidas, esa que se encuentra ahí mismo en nosotros y que es la única llama que puede encender la pasión para alcanzar los mas gigantes y hermosos sueños que hemos guardado allí por tanto tiempo. Esos sueños únicos que no se parecen a los de nadie mas, no son como otros dicen ni como algunos quisieran, pero son los que van a llevarnos a nuestra “imperfecta y descontrolada” realización personal.
 
¡Gracias 2016 por tanto Movimiento y Control! Ha sido un año maravilloso, me siento bendecida por seguir creciendo y evolucionando, porque definitivamente, a veces es necesario perderse para volverse a encontrar…

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VIDA

Este último año ha sido tan intensamente activo y versátil que había dejado la escritura un poco de lado. Pero nada en verdad está mejor o peor, definitivamente todos son momentos y cada uno es un mecanismo que te lleva al siguiente, y ese al próximo, y entre engranaje y engranaje se va gestando nuestra existencia tan llena de matices, colores y maravillas.

He aprendido mucho, pero más ha sido lo que me ha tocado desaprender. Es un camino de regreso a lo más básico y simple. Pareció un año muy turbulento, no por problemas sino más bien por acciones y logros. Ahora es un nuevo tiempo donde el aprendizaje no ha parado, al contrario, estoy desmenuzando la historia, el conocimiento, la línea temporal, dándole valor a lo científico, a la propia tecnología que te lleva a cruzar el puente hacia aquello que innatamente, yo no he buscado, me ha encontrado.

Estoy tomando la ruta de la súper-actividad sin tensión, la disciplina, el cronograma tan bien organizado que te entusiasma y permite que te dé chance para hacerlo todo. La vida puede ser tan efectiva cuando la simplificamos, cuando borramos los datos falsos que nuestra mente tiene grabados limitando nuestras percepciones y hasta nuestras propias habilidades.

Aumentaron los proyectos y los retos. La creatividad esta al mil por cierto y el espacio se diluye, como también el tiempo ¡lo creamos! Somos capaces de crear tiempo, estamos produciendo futuro a cada instante, es tanta la invención que no llega a haber presente, cada segundo es algo nuevo, es decir, todo es futuro, y ya no hay que enfocarse más en aquello de “mantenerse en el momento presente”, porque eso es simplemente quedarse allí y la supervivencia no es estática, la vida es movimiento.

¡Esta nueva experiencia es realmente fascinante!

Quiero agradecer a todos aquellos que me leen y me siguen por esta ventana. Mi amiga Ana me inspiró a volver más frecuentemente a comunicarme por aquí, a solo compartir mi experiencia sin tapujos, porque ella y yo nos conocimos gracias a este blog, nos re-encontramos de nuevo, muy seguramente, aunque no nos habíamos visto estas caras jamás, y eso es lindo, es hermoso poder encontrarnos de vuelta, retornar.

Así que aquí estoy, quiero que tú me conozcas y deseo conocerte. Yo voy a contarte mis anécdotas, pero me encantaría también aprender de las tuyas. El mundo ahora se mantiene todo conectado, ya no quiero solo escribir, quiero leer, hablar y escuchar, quiero compartir y que nos inter-conectemos ¡podría llegar a ser muy divertido! ¿te atreves?

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He estado perdida mis queridos porque estoy muy enfocada en acciones concretas para cambios profundos y sostenidos.

Me tomo el tiempo hoy porque desde que me levanté tenía esta frase en la cabeza dando vueltas. Vivir esta época en Venezuela me ha enseñado muchísimas cosas. Gracias a haber desarrollado mi habilidad de observadora y testigo presente de las circunstancias, he podido sacar conclusiones bien interesantes acerca del comportamiento humano en tiempos de crisis.

Para nadie es un secreto lo que se vive en mi país y muchos de ustedes han seguido mis entradas en este blog una a una. Las razones por las que estamos atravesando esta realidad parecieran ser infinitas, aunque algunos solo la atribuyen a un sector, o hasta un único personaje. Lo que yo me he dado cuenta es que la causa está intrínsecamente relacionada con la capacidad de cada persona a estar atento a los cambios y dispuesto a llevarlos a cabo.

Si nada de lo que estaba realizando hasta el día de hoy me trae los resultados que antes tenía o que nunca obtuve, definitivamente hay que hacer algo distinto. Estuvimos demasiados años acostumbrados a que todo se daba en esta tierra de abundancia, pero el mundo va transformándose y nosotros formamos parte de un todo que inevitablemente muta. Nos incomoda un poco tener que cambiar porque era ya conocido y seguro lo que hacíamos. Nos toca hacer reajustes en nuestras rutinas, nuestras formas de comprar insumos, e incluso en como ganarnos el pan de cada día.

Entonces veo tres tipos de venezolanos. Los que entre tanto caos se asfixiaron en el problema de la rutina y están tan angustiados que no logran ver, oír ni hacer ninguna renovación en su vida, y por lo tanto, cada día cavan un hoyo más y más profundo y sin salida. Están otros que están haciendo muchísimo, trabajan día a día, aportan, luchan, pero al final de la jornada están agotados porque a pesar de tanto esfuerzo no logran ver los resultados, y cada mañana tienen que buscar la fortaleza, viviendo en un ciclo sin fin que termina todas las noches con una inmensa desesperanza. Hay otro grupo de individuos alertas, entendiendo que no solo hay que trabajar sino hay que hacer cosas distintas, que hay que estar dispuestos a tomar algunas acciones aunque no nos gusten, buscar alternativas nuevas, dejarse llevar y transformarse al ritmo de la universalidad. Estos últimos se acuestan y se levantan entusiasmados a pesar de las interminables malas noticias.

Veo pues que queremos tenerlo todo tal como era antes pero eso es imposible. Lo único constante es el cambio. Debemos agradecer a esta supuesta y falsa “crisis” por darnos la oportunidad de crecer y desarrollar nuevas habilidades, descubrir nuevos talentos y medir nuestra grandeza. No es peleando contra lo que sucede que vamos a lograr la reforma, es con la inteligencia y apertura de sufrir la metamorfosis necesaria en todos los ámbitos de nuestra vida. Si hay que desarrollar un nuevo trabajo, hacerlo. Si hay que salir a la calle en vez de estar en una oficina, hacerlo. Si hay que dejar a nuestros hijos solos más tiempo, hacerlo. Si hay que abandonar algunos hábitos y costumbres,  hacerlo. Si hay que vencer el status, los miedos y la comodidad, hacerlo.

Estoy absolutamente segura de que aquellos que estén dispuestos a hacer cosas diferentes, disfrutarán los mayores beneficios que traiga el fin del “caos venezolano”. Trabajemos inteligentemente en tiempos de crisis y disfrutaremos de la abundancia, pues así como “la conciencia” te da, luego de que tu le has entregado todo a ella, así mismo es la vida, así mismo es el amor, así mismo es la prosperidad, así mismo es la economía. Nada esta separado.

“La crisis hace campeones” señores, y doy gracias por ser partícipe y testigo de todos esos campeones que se están forjando en Venezuela, líderes de trascendencia, personas que ya están saliendo del país a dar ejemplo, mostrando otra cara de la moneda ¡Tu eliges que tipo de venezolano ser!

Gracias por leerme…

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Se acerca un fin de ciclo para mi, así como también pronto se termina un año de calendario y con el se van muchas situaciones inesperadas, por decirlo de alguna manera, para no encerrarlas en una palabra que convierta esas experiencias en un juicio valorativo.

Comenzamos mi esposo y yo pidiendo un préstamo para comprar un auto, ya que el es vendedor y llevaba dos años trabajando en transporte público, esto con la intención de aumentar nuestros ingresos porque el tiempo le rendiría mas y los gastos serían menos. Estuvimos cuatro meses esperando por un auto nuevo pero nunca llegó y salimos a buscar uno usado que estuviese en buenas condiciones, recorrimos cinco ciudades hasta encontrar uno.

Iniciamos entonces la venta de nuestro apartamento con el propósito de cancelar esa deuda y convertir el resto del dinero en moneda extranjera, con la mirada puesta en la posibilidad de algún día emigrar. Este tramite se tomó ocho meses entre visitas al banco, a diversas oficinas del gobierno, en mi ciudad, y en la capital.

Seguidamente el gobierno lanzó una devaluación que trajo como consecuencia que la empresa donde mi esposo trabaja tuviese que parar sus ventas por tres meses, por lo tanto, nuestros ingresos se redujeron un 90% y las deudas se incrementaron, mientras yo comenzaba un emprendimiento en la situación económica más crítica de la historia de nuestro país.

Pasamos por la experiencia de estar embarazados y perder el bebé, vernos solo diez días por mes porque el estaba siempre de viaje buscando nuevos trabajos y ventas en la calle. Yo me engordaba cada día más al no poder comprar los alimentos para la dieta, que mi complicado metabolismo requiere para mantenerme delgada.  Y al regreso de nuestras maravillosas y planificadas vacaciones nos encontramos con la noticia de que el auto estaba dañado y había que hacerle el motor.

Cuando ya íbamos a hacer la firma por la venta del apartamento para por fin salir de todas las deudas que se fueron aumentando por aquellas circunstancias, nos informan de una ley que no nos permite vender el inmueble hasta el año 2017, así es que tenemos que devolver la inicial que habíamos recibido, más una penalidad.

Decidimos entonces vender el auto y así adelantar los trámites de nuestra salida del país. El proceso para los papeles de la venta tardó tres meses y cuando ya llegó el documento, resulta que aunque pasaba todas las inspecciones que pide la ley, el título de propiedad con el que nos vendieron el vehículo era falso, fuimos vulgarmente estafados, y nuestro auto fue detenido por las autoridades pertinentes.

Parece una telenovela ¿verdad? Como diría mi querida amiga Meme: “La Vida Misma…”

Hoy estamos en el mismo lugar en que empezó el ciclo, sin auto, mi esposo de nuevo sale a vender en bus, yo sigo maniobrando económicamente con mi emprendimiento, aún tenemos nuestro apartamento (actualmente alquilado), seguimos con deudas, incrementadas en el mismo porcentaje que la inflación de Venezuela; sin embargo, mi compañero y yo nos hemos transformado en una roca gigante, amalgamada, inquebrantable, como esa donde se sientan los turistas a observar la magnificencia del salto más alto del mundo, el Salto Angel en Canaima. Así estamos los dos, unificados, sólidos y en paz, viendo la vida fluir y moverse con tanta rapidez y sorpresa como cae el agua de esa imponente cascada, siendo salpicados por sus gotas, unas frescas y otras fuertes, tal como nos salpica y esculpe la existencia.

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Les cuento todo esto y me conmuevo, porque no puedo negarles que internamente ha sido un proceso de infinito crecimiento, han sido muchas lágrimas, rabietas e ilimitados momentos de reflexión y meditación, pero igual yo sigo creyendo en una vida más simple, más natural, más abundante en presencia que en posesiones, sé que cada cosa es perfecta y sucede porque es lo mejor, y vivirlo todo con entrega nos va llevando involuntariamente a una profunda evolución y a ese lugar interno que es lo único que en realidad importa.

Ahora, para cerrar con broche de oro este período, hace unos días estaba adentro de un centro comercial sentada en una pizzería tomándome un café y un muchacho de máximo unos 20 años entró al local, se acercó a mi mesa y me quitó el celular de la mano diciéndome: -quédese tranquila- y con esa misma calma salió caminando. En microsegundos, cuando el iba llegando a la puerta del lugar yo me levanté sin ningún pensamiento en mi mente y empecé a perseguirlo, el arrancó a correr y yo iba detrás de el gritando como una loca: -ladrón, devuélveme mi teléfono, choro, agárrenlo- Era seguro que jamás lo iba a alcanzar, pero nada de eso pasaba por mi mente, en ese momento la sensación era como de estar viviendo en cámara lenta…

En serio que si imaginan esta escena en sus cerebros se reirían mucho. Yo me veía muy cómica corriendo con mis botas vaqueras y mi cartera colgada en el hombro, pero en medio del humor les digo que aquel evento fue para mí como un “llamado a despertar”. Yo me di cuenta de que en ningún momento sentí miedo, aún allí sumergida en mis redes sociales por el celular con mi café en la otra mano, yo estaba totalmente alerta y no hubo en mi la más mínima duda ni titubeo, me paré y fui por lo mío, e inmediatamente todo mi universo se movió para apoyarme, porque empezaron a salir más y más personas de todos los locales, a correr y gritar detrás de aquel muchacho hasta que lo alcanzaron.

Voy a tomar unas palabras prestadas para decir que me llena mucho saber que a pesar de todo lo que ha sucedido, lo más trascendental y más grande de mi ser, sigue INTACTO. No importa el por qué de las cosas, ni cuan fuerte parezcan, estoy INTACTA, todo lo demás es insignificante, todo lo vivido no es más que un montón de historias que elijo contarme y que definitivamente puedo cambiar el relato o al menos el final de la crónica cuantas veces lo desee; solo tengo que seguir allí, en ese espacio alerta de “No Miedo”.

Hoy quise compartir esta narración con ustedes con la intención de decir adiós y dar por cerrada esta etapa. Gracias doy por todo, sigo sintiéndome bendecida puesto que ¡no hay nada perdido!.

Abro mis brazos y todo mi ser para recibir el nuevo ciclo que inicia con el corazón más abierto, la mente más humilde, el cuerpo más despierto y el alma más presente. Sin plan alguno, solo respirando, confiando, soltando, y ya veremos que pasa…¡El Show debe continuar!

Gracias a todos ustedes, mis fieles acompañantes, se les quiere…

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Estábamos allí relajados cenando en un puestecito de la calle principal del barrio histórico de Colonia antes de irnos a dormir, esta vez cada uno bien cómodo, para al día siguiente recorrer con tranquilidad los lindos pasajes y muelles de esta ciudad fundada por potugueses. Fue una agradable caminata, entre piedras, parquecitos, lindas casas, almuerzo en “La Pasiva” y autobús hasta Montevideo disfrutando del verde paisaje.

Llegamos a donde la adorable Lilita, nos abrió la puerta, caminé directo a la habitación y todo estaba igual que como lo había dejado. El cajón negro de cuero al lado de la cama, los banquitos de mimbre, el mismo plumón con mi nombre en sanscrito escrito con marcador en una punta, las sábanas chinas, los cojines. Era como volver a casa y me di un momento a mi misma para disfrutar del llanto, tenía como esa sensación interna de cobijo de: “al fin estoy acá”.

La bienvenida fue estupenda, llena de amor, alegría, regalos y mucha comida. Aquella noche dormí agradecida y plena en aquel cuarto que siento como mío y en donde junto a mi amiga Meme teníamos largas charlas y navegábamos por internet buscando al Don Quijote de su vida. Estaba en aquel departamento donde una vez cerré un ciclo para comenzar otro y en el que yo ando como si estuviese en mi hogar, sin vergüenza ni necesidad de pedir permisos. Era una sensación muy grata.

Empezaron las llamadas, los re-encuentros, los abrazos, las historias. Asado bajo la lluvia en la espléndida casa-vivero de Claudia diseñada por mi querido amigo Josema. Carne buena, chorizos, provolone, la especialidad de pimientos con huevo y mozzarella. Fotos, risas, recuerdos, conversaciones profundas y otras no tanto. Naturaleza, frío, estufa a leña. Calor humano, tarta de frutillas (fresas) con café o te.

Asado en lo de Claudia

Asado en lo de Claudia

Luego vino el paseo a Punta del Este, rentamos un auto y le hice un recorrido completo a mi esposo para que conociera todo acerca de mi vida en Uruguay; en donde hacía las compras, por donde salía a correr, la casa donde viví, mis lugares favoritos, toda la costa con sus pueblecitos y balnearios hasta Piriapolis. Foto en los dedos saliendo de la arena, divertido sube y baja en el puente ondulante al llegar a La Barra, bailecito en el faro de José Ignacio y el infaltable atardecer en Casa Pueblo.

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Monumento al ahogado u Hombre emergiendo a la vida

Recorrimos todo lo que pudimos, el re-inaugurado lujoso Hotel Carrasco, la Rambla de punta a punta con las novedosas letras de Montevideo iluminadas, comimos Chivito, y ya yo no hablaba con cantico venezolano sino sureño.

Nos juntamos de vuelta con los amigos en el típico Mercado del Puerto, la sorpresa inesperada de ver a Gaby, el inolvidable timbre de voz de Karina, la dulzura de Carlitos, la gentileza de Eduardo. La caminata, el café con Rose y aquella conversación que me dejó tanto.

La sorpresa: Gaby

La sorpresa: Gaby

El primer tiempo del partido lo ganó la simplicidad, la fluidez, la calma, el ritmo acompasado, la dicha sutil sin exageraciones, el cielo azul despejado, el aire fresco, la ausencia de necesidades, la sensación de libertad al manejar por esas vías sin tráfico, el verdor y amplitud de las llanuras, la incondicionalidad y entrega de los amigos del alma, el bienestar y la plenitud absoluta.

Para que negarlo si en verdad es muy obvio que yo estaba súper feliz de estar de nuevo allí en esas tierras y poder compartir con mi pareja todo aquel amor celeste que hay en mí, de mí, para mí, y que los contagió a todos porque los cuatro saltamos, jugamos, reímos, cantamos, bailamos, disfrutamos de unas perfectas vacaciones; pero aún nos quedaban muchos pases por hacer y balones que chutar, así que nos montamos en el autobús y partimos para Brasil.

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Partiendo a Brasil…

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Continúan las devaluaciones en nuestro país, cientos de protestas y manifestaciones, los estudiantes en la calle, mucha represión, la violencia se incrementa así como la escasez, y las aerolíneas comienzan a irse de Venezuela. Para el mes de abril el pasaje que habíamos comprado en 4.600 estaba costando 18.000 bolívares, y empezamos a plantearnos nuevamente la posibilidad de hacer el viaje con lo poco que pudiésemos reunir entre todos, aprovechando el ticket que pagamos a un precio que se vislumbraba jamás volvería a existir.

Había entonces que pedir al gobierno la aprobación del uso de dólares en el extranjero. Cada uno armar su carpeta, llevarla al banco y llenarse de paciencia haciendo filas de cinco horas para ser atendido. Intentamos volver a reservar entradas pero ya no habían para los juegos que nosotros deseábamos ir. Empecé a navegar por internet buscando precios de los autobuses y hospedajes adentro de Brasil. Armé el posible itinerario-presupuesto y les informé a los tripulantes que económicamente nos tocaba viajar de mochileros, decidiendo con el paso de los días a donde ir y qué hacer.

Llegó Mayo, cada uno corriendo para dejar todo listo en sus trabajos, hacer otra fila de cinco horas en el banco para retirar los 500 dólares en efectivo que nos permite comprar el gobierno, y hacer las maletas bien pequeñas, porque la aventura que estaba por comenzar no tenía nada exactamente pre-establecido, y no sabíamos a donde nos tocaría pasar las noches y los días en nuestra emocionante travesía.

Partimos entonces, lamentablemente sin uno de los integrantes del equipo, quien no obtuvo ninguna aprobación de dólares. Allí estábamos los cuatro en el aeropuerto de Maiquetía a punto de hacer realidad ese sueño mundialista. Íbamos con un mapa dibujado a medias de lo que sería el trayecto, borrador en mano para ir haciendo los cambios, con pocas expectativas pero con el equipaje repleto de ganas de ser sorprendidos por la magia de lo inesperado, listos para lanzarnos al fascinante y excitante vacío que es no saber nada de lo que nos espera…¡Que alegría!

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TRIPULANTES, Aeropuerto de Maiquetía

La primera parada fue en Buenos Aires, llegamos de madrugada y nos fuimos en taxi a casa de nuestra maravillosa anfitriona que con mucho amor nos recibió ofreciéndonos todo lo que tenía en su apartamento. Nos acomodamos, dos en un sofá y dos en una cama individual, descansamos unas horas y después de una agradable ducha salimos a la caminata mas larga de nuestra vida por toda la ciudad.

El primer autobús que tomamos lo hicimos hacia el lado contrario, pero a tiempo re-ubicamos nuestro sentido y en unos minutos ya estábamos en el centro caminando por la concurrida peatonal Florida, tomándonos fotos en el Obelisco de la ancha avenida 9 de Julio, y saludando a los muñecos tamaño real de los famosos Maradona, Messi y el más popular en la actualidad, el del Papa Francisco, que es quien ahora da la bienvenida en el colorido y típico “Caminito” del barrio La Boca.

Era momento ya de entrar a la cancha a hacer el reconocimiento previo y lo hicimos en el estadio del Boca Juniors “La Bombonera” recorriendo sus pasajes, su historia, sus copas y reconocimientos, sus jugadores, las gradas, el brinco ensordecedor de los hinchas sobre los vestidores de los visitantes, el salto sobre las rejas cuando se hace el gol, y su precioso pasto verde.

Aquel día terminó con paseo en San Telmo, el lujoso Puerto Madero iluminado de noche, la Casa Rosada, y la cena en el célebre Café Tortonis en la calle Corrientes acompañados por Gardel y Alfonsina; para luego dormir apretujados unos a otros y tener fuerzas para ir de mañana al Hipódromo, al Cementerio de Recoleta con la tumba de Evita, y culminar con la relajante caminata por los bosques de Palermo y el maravilloso encuentro con mi amigo Marcos en La Rosaleda.

Por supuesto que antes de tomar el barco para Uruguay no podía faltar el rico choripán como una de las comidas de aquella parada porteña. Dijimos adiós al país albiceleste y llegamos por Colonia del Sacramento al celeste Uruguay que me cobijó por años. Sur Hostel tenía disponibilidad de habitaciones y fue nuestra casa dando inicio así al mas tranquilo y rítmico primer tiempo del partido. Mi ser como pez que vuelve a sus aguas empezó a nadar más aclimatado, fluido y asentado que de costumbre…

Colonia del Sacramento, Patrimonio de la Humanidad

COLONIA DEL SACRAMENTO, Patrimonio de la Humanidad

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