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Archive for the ‘Experiencias’ Category

Se acerca un fin de ciclo para mi, así como también pronto se termina un año de calendario y con el se van muchas situaciones inesperadas, por decirlo de alguna manera, para no encerrarlas en una palabra que convierta esas experiencias en un juicio valorativo.

Comenzamos mi esposo y yo pidiendo un préstamo para comprar un auto, ya que el es vendedor y llevaba dos años trabajando en transporte público, esto con la intención de aumentar nuestros ingresos porque el tiempo le rendiría mas y los gastos serían menos. Estuvimos cuatro meses esperando por un auto nuevo pero nunca llegó y salimos a buscar uno usado que estuviese en buenas condiciones, recorrimos cinco ciudades hasta encontrar uno.

Iniciamos entonces la venta de nuestro apartamento con el propósito de cancelar esa deuda y convertir el resto del dinero en moneda extranjera, con la mirada puesta en la posibilidad de algún día emigrar. Este tramite se tomó ocho meses entre visitas al banco, a diversas oficinas del gobierno, en mi ciudad, y en la capital.

Seguidamente el gobierno lanzó una devaluación que trajo como consecuencia que la empresa donde mi esposo trabaja tuviese que parar sus ventas por tres meses, por lo tanto, nuestros ingresos se redujeron un 90% y las deudas se incrementaron, mientras yo comenzaba un emprendimiento en la situación económica más crítica de la historia de nuestro país.

Pasamos por la experiencia de estar embarazados y perder el bebé, vernos solo diez días por mes porque el estaba siempre de viaje buscando nuevos trabajos y ventas en la calle. Yo me engordaba cada día más al no poder comprar los alimentos para la dieta, que mi complicado metabolismo requiere para mantenerme delgada.  Y al regreso de nuestras maravillosas y planificadas vacaciones nos encontramos con la noticia de que el auto estaba dañado y había que hacerle el motor.

Cuando ya íbamos a hacer la firma por la venta del apartamento para por fin salir de todas las deudas que se fueron aumentando por aquellas circunstancias, nos informan de una ley que no nos permite vender el inmueble hasta el año 2017, así es que tenemos que devolver la inicial que habíamos recibido, más una penalidad.

Decidimos entonces vender el auto y así adelantar los trámites de nuestra salida del país. El proceso para los papeles de la venta tardó tres meses y cuando ya llegó el documento, resulta que aunque pasaba todas las inspecciones que pide la ley, el título de propiedad con el que nos vendieron el vehículo era falso, fuimos vulgarmente estafados, y nuestro auto fue detenido por las autoridades pertinentes.

Parece una telenovela ¿verdad? Como diría mi querida amiga Meme: “La Vida Misma…”

Hoy estamos en el mismo lugar en que empezó el ciclo, sin auto, mi esposo de nuevo sale a vender en bus, yo sigo maniobrando económicamente con mi emprendimiento, aún tenemos nuestro apartamento (actualmente alquilado), seguimos con deudas, incrementadas en el mismo porcentaje que la inflación de Venezuela; sin embargo, mi compañero y yo nos hemos transformado en una roca gigante, amalgamada, inquebrantable, como esa donde se sientan los turistas a observar la magnificencia del salto más alto del mundo, el Salto Angel en Canaima. Así estamos los dos, unificados, sólidos y en paz, viendo la vida fluir y moverse con tanta rapidez y sorpresa como cae el agua de esa imponente cascada, siendo salpicados por sus gotas, unas frescas y otras fuertes, tal como nos salpica y esculpe la existencia.

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Les cuento todo esto y me conmuevo, porque no puedo negarles que internamente ha sido un proceso de infinito crecimiento, han sido muchas lágrimas, rabietas e ilimitados momentos de reflexión y meditación, pero igual yo sigo creyendo en una vida más simple, más natural, más abundante en presencia que en posesiones, sé que cada cosa es perfecta y sucede porque es lo mejor, y vivirlo todo con entrega nos va llevando involuntariamente a una profunda evolución y a ese lugar interno que es lo único que en realidad importa.

Ahora, para cerrar con broche de oro este período, hace unos días estaba adentro de un centro comercial sentada en una pizzería tomándome un café y un muchacho de máximo unos 20 años entró al local, se acercó a mi mesa y me quitó el celular de la mano diciéndome: -quédese tranquila- y con esa misma calma salió caminando. En microsegundos, cuando el iba llegando a la puerta del lugar yo me levanté sin ningún pensamiento en mi mente y empecé a perseguirlo, el arrancó a correr y yo iba detrás de el gritando como una loca: -ladrón, devuélveme mi teléfono, choro, agárrenlo- Era seguro que jamás lo iba a alcanzar, pero nada de eso pasaba por mi mente, en ese momento la sensación era como de estar viviendo en cámara lenta…

En serio que si imaginan esta escena en sus cerebros se reirían mucho. Yo me veía muy cómica corriendo con mis botas vaqueras y mi cartera colgada en el hombro, pero en medio del humor les digo que aquel evento fue para mí como un “llamado a despertar”. Yo me di cuenta de que en ningún momento sentí miedo, aún allí sumergida en mis redes sociales por el celular con mi café en la otra mano, yo estaba totalmente alerta y no hubo en mi la más mínima duda ni titubeo, me paré y fui por lo mío, e inmediatamente todo mi universo se movió para apoyarme, porque empezaron a salir más y más personas de todos los locales, a correr y gritar detrás de aquel muchacho hasta que lo alcanzaron.

Voy a tomar unas palabras prestadas para decir que me llena mucho saber que a pesar de todo lo que ha sucedido, lo más trascendental y más grande de mi ser, sigue INTACTO. No importa el por qué de las cosas, ni cuan fuerte parezcan, estoy INTACTA, todo lo demás es insignificante, todo lo vivido no es más que un montón de historias que elijo contarme y que definitivamente puedo cambiar el relato o al menos el final de la crónica cuantas veces lo desee; solo tengo que seguir allí, en ese espacio alerta de “No Miedo”.

Hoy quise compartir esta narración con ustedes con la intención de decir adiós y dar por cerrada esta etapa. Gracias doy por todo, sigo sintiéndome bendecida puesto que ¡no hay nada perdido!.

Abro mis brazos y todo mi ser para recibir el nuevo ciclo que inicia con el corazón más abierto, la mente más humilde, el cuerpo más despierto y el alma más presente. Sin plan alguno, solo respirando, confiando, soltando, y ya veremos que pasa…¡El Show debe continuar!

Gracias a todos ustedes, mis fieles acompañantes, se les quiere…

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Estábamos ya por finalizar este juego en la fase a la que nadie quiere llegar: el regreso. El viaje fue un partido largo, emocionante y apasionado. Lo vivimos al máximo y entregamos todo como los mejores atletas del mundo. Cinco días nos llevó el retorno y cada uno fue como un glorioso tiro penal cobrado y anotado.

El primero fue la visita a Simone en Florianópolis después de seis años sin vernos. Esta vez el autobús lo tomamos de día y pudimos disfrutar del hermoso paisaje desde Río hacia el sur, con sus vías completamente verdes. Realmente Brasil nos recibió amablemente, todo se dio de manera perfecta, su capacidad para atender al turista, sus maravillosos medios de transporte dentro y entre las ciudades, estos últimos con wi-fi, nos permitieron tener una estadía estupenda.

Mi querida amiga nos buscó al terminal y después de un ameno desayuno ella se fue a trabajar. Nosotros nos aprontamos para salir a conocer un poco, pero a la una de la tarde ya estábamos de nuevo con Simone viendo el partido Brasil-México en un bar al borde del rio, donde reímos a carcajadas y tomamos muchas cervezas.

Con Simone en Florianópolis

Florianópolis

Este fue uno de mis días favoritos en este país. Ver el juego con mi amiga rodeada solo de brasileros gritando y bebiendo. Compartir con ella que es una persona tan fresca y alegre. Pasear de noche por la playa y los lugares que mas le gustan de su ciudad. Y desayunar juntas a la mañana siguiente recordando tantas cosas, contándonos de nuestras nuevas vidas y agradeciendo la infinidad de posibilidades que están dadas para cada una.

Corrimos, literalmente, para tomar el bus que casi nos deja, y salimos de Brasil pero volvería una y mil veces a la linda Floripa, porque sé con certeza que siempre encontraré un hogar cálido con sus puertas totalmente abiertas para mi.

El segundo y mejor penal de la tanda, fue disfrutar en Montevideo la victoria de La Celeste ante Inglaterra con aquellos dos goles de Suárez en el histórico día de Artigas. Llegamos a media mañana y nos quedamos en casa viendo el partido, en aquella misma televisión que en el año 2010 sufríamos Meme y yo observando a Fucile tirado en el campo sin moverse, en el mismo sillón donde nos mordíamos los dedos en el juego contra Ghana, y en el mismo salón donde hinchamos y celebramos el 4to lugar de Uruguay en el Copa de Sudáfrica.

Allí estábamos con la bandera, las camisetas celeste y también las bufandas ¡Toda la cábala armada! Lo más divertido era escuchar los comentarios de Lilita dándole mensajes moralistas a los jugadores uruguayos: ¡No, eso no lo podés hacer! – decía; pero ella, a sus 74 años, era la primera que deseaba bajar a La Rambla al terminar el partido, y así lo hicimos. Gritos, fuegos artificiales, bocinazos y el repetido canto: “volveremos a ser campeones como la 1ra vez…” Los charrúas estaban de fiesta disfrutando el respiro que le dio aquella victoria, y nosotros, estos cuatro aventureros, fuimos parte de ella. La celebración la terminamos con cerveza, mozzarella y faina en el Bar Valerio de la esquina.

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Bar Valerio en Pocitos, Montevideo

Al día siguiente marcamos el tercer penal con un súper completo y último día en la tierra oriental. Desayunamos con Nico en su hermoso y nuevo apartamento con estufa a leña y terraza. El placer de ver tan feliz con su vida a un amigo tan cercano, escuchar sus historias y sentirlo tan distinto, re-encontrarse en ese abrazo que nunca cambia mas allá de cualquier circunstancia.

Conocer el mítico Estadio Centenario, pasear por el parque Batlle, respirar ese aire divino y caminar por la 18 de julio hasta sentarnos en un bar a comernos el último pedazo de buena carne. Entrar a la tienda del Hincha y comprarme aquella mochila de la selección que tanto quería. Y cerrar con broche de oro en casa de mi querido Diego, quien me recibió otra vez con su guitarra, su canto y esa amistad que nos da para charlar por horas, de tantas cosas. Me fui de allí con ganas de seguir cantando con Natalia y Kari, dejando siempre un espacito para retornar otra vez porque me quedo con gusto a poco, y hay que volver, hay que volver eternamente a donde uno se siente tan bien… Así dijimos adiós a Uruguay, yo con lágrimas en los ojos y con mi corazón hinchado de tanto agradecimiento.

Guitarrada en casa de Diego

Guitarrada en casa de Diego

Ya casi ganábamos el juego y estábamos relajados de vuelta en Buenos Aires, con el problema resuelto de las tarjetas de crédito haciendo compras para terminar el cupo en dólares. Paseando por el Centro, hospedados en un cómodo Hotel en la calle Suipacha.

Ese día anotamos el cuarto penal viendo en el propio suelo argentino el único balón que entró al arco en los últimos minutos entre Argentina e Irán. No podíamos terminar este viaje sin vivir aquella experiencia. Los porteños estuvieron con el ceño fruncido todo el partido hasta que su Dios de la cancha, Messi, les hizo el milagro y comenzó la algarabía. Finalmente pudimos celebrar, en sus propias tierras, al menos un gol de la selección de cada país que visitamos.

Aquella noche terminó con buen cine y el último penal lo cobramos 24 horas después, justo antes de partir a tomar el avión, despidiéndonos en el Tango Porteño con una fabulosa cena-show y nuestras franelas de la Fifa World Cup Brasil 2014.

El equipo de campeones

El equipo de campeones

Así que triunfamos con ventaja en el marcador en este tour mundialista lleno de anécdotas y experiencias inimaginables, al igual que un encuentro de fútbol, pasando por diferentes ritmos y viviendo tantas emociones distintas. Con tiempos de juego lento, momentos de tensión frente al arco y la euforia cuando se anota un gol. Logramos el sueño sin importar cuántos obstáculos y como un equipo de campeones volvimos a Venezuela alzando la Copa de la confianza.

Nuestro país no es el mejor del mundo, es quizás en la actualidad el ultimo en la lista, sin embargo, hay un algo arraigado en nuestra idiosincrasia, que más allá de esta gran crisis que vivimos, nos sigue identificando como venezolanos: esa creatividad, un tanto informal pero alegre, que ponemos siempre para encontrar las maneras de alcanzar todo lo que queremos.

¡Vamos Vinotinto que si se puede, nos vemos en el Mundial Rusia 2018!

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