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Archive for the ‘Humanidad’ Category

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Hacer la Certificación de Life Coaching en el Carlotti Coaching Center significó para mi reconciliarme con mi verdadera esencia, mi pasión y mi propósito de vida. Fue un viaje de re-descubrimiento y reencuentro con lo que realmente prela para Victoria por encima de todo aquello que “debería ser” según las creencias y los paradigmas sobre-impuestos, y en muchos casos auto-impuestos, por las experiencias vividas, por las referencias y patrones familiares, sociales, culturales y de grupo.

 

Cada módulo con sus clases presenciales, practicas personales y sesiones en vivo. Cada herramienta de coaching con su ejemplo individual. La pasión de un Trainer por dar y dejar lo mejor de sí. El estudio de las Maestrías, que para mí son, más que habilidades que un Coach debe aplicar en sus sesiones, son principios de vida. Si más personas las aplicáramos a diario, estoy convencida de que el mundo sería un lugar con más seres enfocados en las posibilidades y no en los límites, un mundo con más armonía, donde al escucharnos comprometidamente procesando en tiempo presente en nuestras conversaciones, una energía de confianza fluiría y permitiría que fuésemos más capaces de entendernos y aceptarnos, y que al expresarnos sin juicios lograríamos tener la sincronía para hacernos las preguntas precisas y valiosas que nos permitirían clarificar y clarificar-nos. Seriamos de esos individuos que en vez de dar consejos teñidos por nuestros propios temores, apoyaríamos a otros a expandir su potencial y encontrar las estructuras de apoyo necesarias para alcanzar todos sus propósitos. Por ende entonces el mundo sería un lugar con más personas felices, ya que más soñadores estarían realizando sus proyectos y sueños.

 

En mis tareas para terminar esta certificación tuve el regalo de poder tener dos coachees que son hermanos. Me llevó un tiempo poder elegir a uno solo para la entrega de mi trabajo final, porque ambos fueron teniendo un crecimiento y progreso que en términos sensoriales se podía percibir con solo verles sus rostros, posturas y su energía cada sesión más fresca, renovada y feliz. En cuatro sesiones la relación y atmósfera de su hogar mejoró, ambos clarificaron sus anhelos y metas, pasaron de ser personas que solo “querían algo” a ser individuos organizados y claros de qué pasos llevar a cabo para lograr sus objetivos. Cosas como pasar de decir “me siento como una pera de boxeo” en la primera sesión a luego verbalizar “siento que me quité un peso de encima”.

 

Debo reconocer también que elegir una sola sesión grabada para enviar, a razón de ser evaluada, fue un proceso de escuchar cada sesión más o menos tres veces. Eso me sirvió para darme cuenta de que mi perfeccionismo me ha hecho retrasar y auto-sabotear cosas importantes en mi vida, así que decidí no retrasarlo y enviar la primera sesión llamada “Sesión 0” y darme la oportunidad de soltar el control y romper mis estructuras mentales, permitiéndome ser evaluada en la inocencia de mis inicios, con mis errores e imperfecciones.  No es quizás la sesión más brillante que realicé, tuve mejores. Si queda claro en ella el tema a trabajar de mi Coachee, que es pagar las deudas, así como el valor detrás de esa meta, que es la tranquilidad. Tal vez no se pueden captar específicamente reflejados paso a paso los otros cinco aspectos del modelo de “Conversación Coach”.

 

Sin embargo, he elegido esta sesión porque fue muy impactante para mi ver que, aun con mi inexperiencia, logré la confianza para que el Coachee se sintiese con la libertad de tocar temas muy trascendentales en su vida. También siento que en esta sesión pude estar en absoluta sincronía y presencia con mi Coachee, se pueden destacar los silencios y, lo más importante, creo que esta sesión vislumbra el tipo de Coaching que voy a desarrollar.  Para mí, detrás del logro de cualquier meta hay algo mucho más importante que es la transformación que surja en el camino hacia ese logro, e inevitablemente, al enfocarnos en la transformación personal pueden salir durante la sesión asuntos internos e incluso del pasado que ameritan un poco de atención para que exista la verdadera transformación.

 

Yo podría haber enviado otra sesión mucho mejor estructurada, pero escuchar esta primera y ver a mi Coachee hoy, me hace tener la confianza absoluta de que a pesar de mis desaciertos hice un gran trabajo, y esa ha sido una de mis mayores ganancias como Coach, poder decir en presente: confío en mí, y ¿si no logramos la confianza, de un lado y del otro, como puede haber sesión de Coaching?

 

Finalmente elegí esta sesión porque me gusta como pude enlazar la sensación de una situación trascendental del pasado con la sensación que puede surgir al lograr el objetivo actual. Esta sesión fue el inicio de un proceso gigante de transformación. Mi Coachee obtuvo claridad en su situación actual, se organizó y realizó una planificación de todo su año buscando un equilibrio en todas las áreas de su vida. Pasó a ser una persona más optimista, expresando por el mismo que ha dejado de quejarse tanto. Descubrió y se planteó nuevas posibilidades, abriéndose a generar ingresos de diversas fuentes, no solo la que él tenía en mente. Entró en acción y eso le dio más tranquilidad, que es el valor que hay detrás de su meta. Encontró y se alineó a sus estructuras de apoyo. Está en la consecución del pago de sus deudas. Retomó la capacidad de observarse a sí mismo, se reencontró consigo y se respeta más. Por cuenta propia diseñó en forma escrita la versión de sí mismo que quiere llegar a ser y está en la construcción de ese nuevo Yo. Aumentó su nivel de consciencia y dijo con énfasis y entusiasmo en su última sesión: “Siento que he avanzado y esto me ha encaminado, yo sé que este año va a ser diferente”

 

Cuando me tocó empezar las practicas uno de los retos más grandes para mí fue “hacer preguntas”. Soy una persona que fui entrenada por años a escuchar sin juicios y mantenerme en el momento presente, por lo cual esto no era un problema, pero hacer surgir las preguntas que pudiesen invitar al Coachee a encontrar respuestas realmente valederas para la consecución de su objetivo, es algo en lo que trabajé y tuve que ir desarrollando. Crecí en cada sesión con mi Coachee, siento que cada una fue mejor que la otra, que fui aprendiendo a escuchar sin dejar que la sesión se convirtiera en una conversación de amigos. Descubrí mi capacidad de hacer preguntas y tuve la habilidad de hacer sesiones que en tan solo 15 minutos se pudieron tocar claramente el tema, la situación real, la situación ideal, las opciones, el plan de acción y el compromiso del Coachee. Con la transformación de él fui también transformándome yo, no solo como Coach sino en mis procesos personales, e incluso en el enfoque para el logro de mis propias metas.

 

Cada día me apasiono más con mis coachees, con sus metas y su transformación. Es realmente fascinante presenciar ese proceso. Lo más significativo para mí ha sido poder ser testigo y compañía en la metamorfosis de un individuo, viéndolo pasar de la oscuridad a la luz. Eso es algo que no tiene precio y es el valor más grande de mi vida: poder “servir” a otro ser humano, y aportar para que este mundo mejore llenándolo de personas más brillantes.

 

Definitivamente esta certificación me ha impactado profundamente y me ha hecho retomar el camino de servicio que tanto me llena. Creo que es solo el comienzo, hay mucho que estudiar y desarrollar. Es vasto el conocimiento y practica que aún falta por adquirir. Me siento con el compromiso y la responsabilidad de desarrollarme y hacer del Coaching una profesión digna de ser apreciada y valorada como cualquier otra, porque es ciertamente una tendencia que algunos han tomado como moda, pero que cada día exigirá de más profesionalismo y altos estándares de excelencia.

 

Yo tomo el Coaching con sus Maestrías como un estilo de vida y estoy comprometida a aplicarlas para crear un mejor futuro, para desarrollar relaciones más armoniosas, familias más estables, individuos más felices, y la Venezuela que tanto queremos ¡Esta aventura apenas comienza para mí! Gracias al Carlotti Coaching Center por expandir mi brillo y por darme la oportunidad de ser parte de la brillante expansión que ya se esta gestando en el mundo.

 

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Si tuviera que definir en una sola frase lo que fue para mi el 2016, diría que fue un año de muchísimo “movimiento y control”.
Tuvimos un inicio con fuerza y determinación pudiendo ver materializada una de nuestras metas. Fácil, la razón que había detrás de ese logro llevaba un nombre claro: Sebastián David.
Se movió tanto hacia afuera, tanto accionar, organizar, hacer, dar. Viajes, encuentros, equipo, paseos, trabajo. Mucha preparación, reconocimientos, charlas, planes. La firme decisión de empezar a subir el puente mas importante de mi existencia y de pronto cuando tenía todo previsto y calculado, la vida viene y me lo arrebata todo. Me quedé parada en la punta viendo como se iba desmoronando y cayendo el paso claro por el que tenia pensado transitar.
Así que el movimiento dejó de ser externo para obligatoriamente tener que ser interno. No recuerdo jamás haber tenido una sensación tan clara de lo que es tenerlo todo y luego perderlo. Es algo difícil de explicar con palabras pero es profundo e inmanejable.
 
Admiro la paciencia de mi compañero de vida, su creatividad y perseverancia para encontrar maneras, y su infinito anhelo de hacerme feliz.
 
Tengo que confesar que por momentos creía que no encontraría salida. Es como si la pasión y el fuego de mi vida se hubiese extinguido, y aun con toda la inspiración y la grandeza que me rodea, no hallaba la forma de re-construir. 
 
Fue entonces cuando empezaron a venir las posibilidades y comenzaron a soplar vientos de libertad. Una nueva oportunidad para amar mas de cerca a mis padres, un nuevo sobrino, conocimiento estelar,  momentos de disfrute con mi ahijadita, un nuevo formato de eventos, invitación a un proyecto distinto, una voz que me invitaba a encontrar mi propia forma y manera de hacer las cosas, y el despegue de un viaje completamente inesperado hacia mi misma.
 
Pero aun con “el hacer” en stop, el movimiento interno era tan intenso que a veces no me alcanzaba el tiempo para llegar a comprender, hasta que un día una sabia mujer china me dijo unas palabras muy conocidas por mi, pero que en ese momento fueron como un inmenso re-descubrimiento, ella me dijo: Suelta el Control.
 
Aquello fue como si hubiesen detonado el gatillo de una bomba nuclear en serie, de ahí en adelante he visto irse derrumbando como naipes, una a una, estructuras internas que parecían ya no estar allí pero que por alguna extraña razón yo misma las había levantado nuevamente. Fue inevitable que esa marea arropara con olas algunas costas vecinas, que aunque parezcan haberse perdido cosas realmente importantes, me re-afirmaron, una vez mas, que el miedo a perder solo nos indica que es menos pesado, dejar ir…
 
Control. Algunos tienen tanto miedo a perderlo que parecen robots, y en tanta “perfección”, no llegan a darse cuenta los infinitos y deslumbrantes regalos que están dejando de darse y de dar a otros. Por lo general, esos instantes donde ya no podemos sostenerlo dejan un profundo silencio,  certeza y paz interior. 
 
Yo he aprendido en este año 2016 que no puedo controlarlo todo y que en realidad no me hace bien creer que puedo o debo hacerlo. Me he percatado que a veces entre tanta inspiración externa dejamos de mirar hacia adentro y admirar la fuente mas poderosa de grandeza  que hay en nuestras vidas, esa que se encuentra ahí mismo en nosotros y que es la única llama que puede encender la pasión para alcanzar los mas gigantes y hermosos sueños que hemos guardado allí por tanto tiempo. Esos sueños únicos que no se parecen a los de nadie mas, no son como otros dicen ni como algunos quisieran, pero son los que van a llevarnos a nuestra “imperfecta y descontrolada” realización personal.
 
¡Gracias 2016 por tanto Movimiento y Control! Ha sido un año maravilloso, me siento bendecida por seguir creciendo y evolucionando, porque definitivamente, a veces es necesario perderse para volverse a encontrar…

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Ya van a hacer casi 20 años desde la primera vez que, viviendo en USA, una señora muy amable me habló del Mercadeo en Redes. Recuerdo perfectamente que yo trabajaba como recepcionista en una mueblería y ella me invitó a tomar un café en mi hora de descanso. Nos sentamos en una linda cafetería y ella me echó un cuento del cual yo ya no me acuerdo nada (risas), ni siquiera puedo recordar el   nombre de ella, pero si tengo su cara y su presencia grabada como una fotografía en mi memoria.

Lo cierto es que ese fue mi primer contacto con este concepto. Un año más tarde estaba ya en Venezuela desarrollando por mi propia experiencia un negocio de este tipo. Fue una aventura muy interesante, de la cual, más allá de los logros, el dinero y los viajes, lo que más me quedó fue el haber conocido a personas que, con su ejemplo, me mostraron lo ilimitado que puede ser el potencial humano y cómo cualquier cosa es posible para aquel que “cree” y que trabaja con persistencia y constancia.

Hace unos meses cuando mi esposo llegó un día a casa, después de ir a una charla con mi papá, y me dijo: -voy a hacer un negocio de Mercadeo en Redes-, yo no podía creerlo. Es como cuando piensas que ya hay cosas que pasaron en tu vida y no volverán, pero ellas retornan a ti de alguna manera y te haces la pregunta ¿será que este ciclo no se cerró? Para mí esto más bien era algo que no tenía nada que ver conmigo, era un proyecto que estaría buenísimo para mi esposo porque ya yo lo había vivido, pero ¡estaba equivocada! (risas).

Un día decidí acompañarlo a un seminario y la verdad no me gustaba mucho todo el entusiasmo que había en el lugar, soy de las personas que me gustan más los ambientes calmos que aquellos donde todo el mundo grita como para subirse el ánimo. Pues resulta que el orador del evento tenía algo en común conmigo, su pasión por el futbol y su amor por Venezuela. Este joven estaba contando como, gracias al desarrollo personal que había obtenido en ese negocio, un día recibió una llamada donde se le invitaba a ser el coach motivacional de la selección Vinotinto Sub 17 pero no había asignado ningún tipo de recurso económico para ese cargo, es decir, si él quería participar tenía que trabajar gratis. Fue como un eco que resonó dentro de mi cuando él dijo: Y pude hacerlo, pude trabajar gratis por mi país, gracias a que este negocio me da el suficiente dinero como para hacer lo que amo hacer.

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¡Gracias Jeremias!

Desde ese día he acompañado a mi esposo en esta actividad económica y todo nuestro mundo se ha transformado, es como si hubiésemos empezado a vivir una nueva vida, y siempre estaré agradecida a él por haber tomado tan sabia decisión.

Puedo decirles que nuestro entorno está lleno de personas con altos estándares y valores. Formamos parte de una comunidad en la cual el foco no soy yo como individuo sino todas las personas que conforman el equipo. Vivimos con una visión inmensa de lo que viene, y con la paz interior de saber que todo lo que hacemos trae el bien al mayor número de áreas en la vida ¡Esto realmente me emociona! Saber que soy capaz de ver más allá, porque no muchos logran verlo, a veces estamos tan prisioneros de los miedos, de las ideas fijas de cómo tienen que ser las cosas y tan enfrascados en nuestra manera de hacer dinero y sobrevivir que nos hacemos ciegos a lo que es obvio, está pasando justo en frente de nuestras narices y no lo vemos, entonces vienen las circunstancias duras, nos arropa la realidad y estamos hasta deprimidos y robotizados, pero no nos hemos dado cuenta. Allá afuera las personas están tan tristes y ni siquiera se percatan de ello…

Nosotros somos muy afortunados ¡realmente lo somos!  El Mercadeo en Redes nos llevó a formar parte de  una tribu de excelencia. Dejamos de pensar en nuestros “problemitas” y nuestras necesidades, las cuales se han visto resueltas y satisfechas al enfocarnos en los problemas y anhelos de los demás; por tanto, no solo estamos pasando por la vida para tener una familia de papá, mamá e hijos, ni tampoco vivimos solo para tener una casa, un carro, un trabajo y vacaciones dos veces al año. Tenemos “propósito”, aportamos cada día, a todo nuestro alrededor, dejando de ser pobres de mente y de bolsillo y colaborando a que muchos otros también dejen de serlo ¡es una gran vida!

La felicidad y la prosperidad nace de ahí, esa sensación de plenitud que tanto buscamos, algunos en las profesiones, otros en la meditación, algunos en lo material y otros en lo espiritual. Actualmente en Venezuela muchos lo buscan, lo anhelan, lo ameritan en lo económico, porque todo está tan duro, no importa cuál sea la condición social, yo lo veo todos los días, personas que están desesperanzadas y siguen intentando subsistir, buscar el pan para sus casas o mantener la posición que tanto les costó construir, y se quedan dando vueltas en un mismo eje sobre si mismos sin poder encontrar la salida, y se olvidan de ver alrededor y hacerse la gran pregunta; ¿Qué puedo hacer distinto? ¿Qué puedo dar yo?

Para mi esa es la única manera, crear equipos, hacer cosas que traigan beneficio para muchos y para todo, es un salto de conciencia, y todo viene agigantado de vuelta hacia ti cuando tienes el coraje de hacer esto. La abundancia fluye, no solo en dinero, sino en amor, en compañía, en dicha, en ética, en grandeza. Es simplemente una Economía Consciente  y Colaborativa, donde el mundo cambia, somos parte de esa transformación y logramos trascender.

Algunos ya estamos listos para esto ¿lo estás tú?

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Anoche fue sentenciado a trece años y nueve meses de cárcel el líder opositor venezolano, Leopoldo Lopez, tras haber sido detenido hace un año y medio por expresar sus ideales y sueños por una Venezuela Libre, haciendo un llamado al pueblo a manifestarse pacíficamente en la calle a través de un movimiento que se conoció como “La Salida”, y que trajo múltiples y encontradas opiniones y consecuencias.

Esta mañana al escuchar las quejas y expresiones de algunas personas, manifestándose deprimidas y desesperanzadas, me vino la siguiente pregunta a mi mente: ¿estos individuos estarán siendo capaces de observar qué están haciendo ellos en su diario vivir para ser ejemplo, inspiración y apoyo para que la realidad cambie?

Leopoldo es una persona que cree en algo, tiene un ideal, un sueño, si éste es muy idealista, bueno o malo, que vaya a dar resultados o no; ese no es el punto, la cuestión es que el se entregó a la justicia por decisión propia, con conocimiento de causa de lo que podría suceder, consciente de que dejaba a sus hijos y a su esposa, pero con la convicción profunda de que esto lo llevaría a lograr lo que tanto desea. ¿Lo logrará?, no lo sabemos, el tiempo nos lo dirá, pero les puedo asegurar que ese hombre hoy no amaneció deprimido, se levantó más fuerte, más convencido, y me disculpan si soy muy dura pero ¿entonces quién rayos nos da derecho a nosotros a deprimirnos?…

¿Cuál es tu sueño?, ¿cuál es tu ideal?, ¿por qué sales a luchar semana a semana?, ¿realizas alguna buena acción por el prójimo cada día?, ¿prestas atención a las palabras que pronuncias delante de tus hijos?, ¿eres ejemplo para ellos que te están observando cada segundo?, ¿qué valores les estás inculcando a través de tus acciones?, ¿tu trabajo es honesto o te dejas llevar por la “situación país” y cometes infracciones solo por una seguridad personal?, ¿o te haces el ciego y dejas pasar cosas que sabes que son ilegales?, ¿pisas el rayado con tu auto?, ¿le das paso a los viejitos?, ¿hablas de cosas buenas o de tu boca sale pura negatividad?, ¿te importan los demás?, ¿todos?, ¿rojos, rojitos o amarillos?, ¿blancos?, ¿negros?, ¿tienes un proyecto de vida que influye positivamente, no solo en tus cuatro paredes y en tu hogar, sino también en tu urbanización, en tu grupo de amigos, en tu ciudad, en tu país, en el mundo?, ¿tratas bien a los animales? ¡La lista de preguntas puede ser interminable!…

“Lo primero que haré en cuanto diga que estoy libre es ir a mi casa a abrazar a mis hijos, decirle a Manuela que cumplí mi promesa de volver antes de su cumpleaños, pedirle matrimonio de nuevo a Lilian y a salir a abrazar a mis hermanos de Voluntad Popular (su partido político)”. “Si la sentencia es condenatoria se que usted tendrá más miedo de decirla que yo de escucharla”. “Con orgullo ponganme las esposas, porque estas esposas no me las quita la jueza ni el gobierno, me las quita el pueblo”. Estas fueron tan solo algunas de las palabras que pronunció Leopoldo anoche.

Ahora yo me voy a tomar el descaro y el atrevimiento de preguntarte a ti: ¿hay algo que te mueva en tus adentros tan profundamente como para tener el coraje que tiene este caballero de hacer cosas distintas?, ¿te has preguntado alguna vez si en vez de tirarte a ver la televisión después del trabajo podrías hacer algo para que tu realidad y la de muchos cambie?, ¿no será más bien tu propia inercia lo que te deprime?, ¿no será mantenerte en tu zona de confort, dormido, aletargado?, ¿no será la inhabilidad de empujarte a generar cambios?, ¿la comodidad de elegir lo mismo, de caer en el lugar común?, ¿la irresponsabilidad de no asumir el control absoluto de tu vida?…

Señores pido mil disculpas con todo mi corazón pero yo hoy lo que me siento es arrecha (molesta) de escuchar tantas pendejadas (estupideces), y pido disculpas de nuevo, pero humildemente solo trato de que reflexionemos juntos. NO se puede tener resultados distintos haciendo las mismas cosas, y si haces un estudio minucioso de tu rutina diaria en los últimos años, podrás darte cuenta los diversos malos hábitos que has adquirido. Te lo digo porque yo tuve el valor de hacerlo y me quedé avergonzadamente abismada.

Mi invitación es a hacer cosas diferentes, de las crisis solo se sale dando el extra, poniendo el 110% del esfuerzo, ¿es fácil?, no, no lo es, a veces cansa y da flojera pero hay que empujarse, enfocarse, hay que ser valiente como este personaje por el que hoy te sientes triste. El tiene un propósito y no es tan solo personal, eso es lo que lo mantiene en pie. Sal de tu metro cuadrado, no pienses solo en lo que tu sientes y necesitas, mira más allá, da…¡Encuentra un propósito más elevado o eleva más tu propósito! ¡Te aseguro que no tendrás tiempo para estar deprimido!

Los amo profundamente, con éste, mi corazón enardecido…

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He estado perdida mis queridos porque estoy muy enfocada en acciones concretas para cambios profundos y sostenidos.

Me tomo el tiempo hoy porque desde que me levanté tenía esta frase en la cabeza dando vueltas. Vivir esta época en Venezuela me ha enseñado muchísimas cosas. Gracias a haber desarrollado mi habilidad de observadora y testigo presente de las circunstancias, he podido sacar conclusiones bien interesantes acerca del comportamiento humano en tiempos de crisis.

Para nadie es un secreto lo que se vive en mi país y muchos de ustedes han seguido mis entradas en este blog una a una. Las razones por las que estamos atravesando esta realidad parecieran ser infinitas, aunque algunos solo la atribuyen a un sector, o hasta un único personaje. Lo que yo me he dado cuenta es que la causa está intrínsecamente relacionada con la capacidad de cada persona a estar atento a los cambios y dispuesto a llevarlos a cabo.

Si nada de lo que estaba realizando hasta el día de hoy me trae los resultados que antes tenía o que nunca obtuve, definitivamente hay que hacer algo distinto. Estuvimos demasiados años acostumbrados a que todo se daba en esta tierra de abundancia, pero el mundo va transformándose y nosotros formamos parte de un todo que inevitablemente muta. Nos incomoda un poco tener que cambiar porque era ya conocido y seguro lo que hacíamos. Nos toca hacer reajustes en nuestras rutinas, nuestras formas de comprar insumos, e incluso en como ganarnos el pan de cada día.

Entonces veo tres tipos de venezolanos. Los que entre tanto caos se asfixiaron en el problema de la rutina y están tan angustiados que no logran ver, oír ni hacer ninguna renovación en su vida, y por lo tanto, cada día cavan un hoyo más y más profundo y sin salida. Están otros que están haciendo muchísimo, trabajan día a día, aportan, luchan, pero al final de la jornada están agotados porque a pesar de tanto esfuerzo no logran ver los resultados, y cada mañana tienen que buscar la fortaleza, viviendo en un ciclo sin fin que termina todas las noches con una inmensa desesperanza. Hay otro grupo de individuos alertas, entendiendo que no solo hay que trabajar sino hay que hacer cosas distintas, que hay que estar dispuestos a tomar algunas acciones aunque no nos gusten, buscar alternativas nuevas, dejarse llevar y transformarse al ritmo de la universalidad. Estos últimos se acuestan y se levantan entusiasmados a pesar de las interminables malas noticias.

Veo pues que queremos tenerlo todo tal como era antes pero eso es imposible. Lo único constante es el cambio. Debemos agradecer a esta supuesta y falsa “crisis” por darnos la oportunidad de crecer y desarrollar nuevas habilidades, descubrir nuevos talentos y medir nuestra grandeza. No es peleando contra lo que sucede que vamos a lograr la reforma, es con la inteligencia y apertura de sufrir la metamorfosis necesaria en todos los ámbitos de nuestra vida. Si hay que desarrollar un nuevo trabajo, hacerlo. Si hay que salir a la calle en vez de estar en una oficina, hacerlo. Si hay que dejar a nuestros hijos solos más tiempo, hacerlo. Si hay que abandonar algunos hábitos y costumbres,  hacerlo. Si hay que vencer el status, los miedos y la comodidad, hacerlo.

Estoy absolutamente segura de que aquellos que estén dispuestos a hacer cosas diferentes, disfrutarán los mayores beneficios que traiga el fin del “caos venezolano”. Trabajemos inteligentemente en tiempos de crisis y disfrutaremos de la abundancia, pues así como “la conciencia” te da, luego de que tu le has entregado todo a ella, así mismo es la vida, así mismo es el amor, así mismo es la prosperidad, así mismo es la economía. Nada esta separado.

“La crisis hace campeones” señores, y doy gracias por ser partícipe y testigo de todos esos campeones que se están forjando en Venezuela, líderes de trascendencia, personas que ya están saliendo del país a dar ejemplo, mostrando otra cara de la moneda ¡Tu eliges que tipo de venezolano ser!

Gracias por leerme…

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En la vida, al menos la mía que no ha sido muy lineal ni estática, pasamos por diferentes épocas, distintas etapas que en mi caso algunas han sido totalmente opuestas a las otras.

Desde la infancia, que me recuerdo muy alegre, con mi inocencia y la pasión por la danza. Aquellos viajes con la familia y los juegos de adivinanzas y cantos en la ruta que hacíamos mientras papá conducía y yo acariciaba su rostro desde el asiento de atrás.

La escuela, donde todo era bastante sencillo, con las amigas de la niñez, de las muñecas y las pijamadas. Esas con las que fuimos creciendo y descubriendo las cosas hasta llegar a la adolescencia, cuando los chicos empezaron a ser más importantes y los cambios hormonales iniciaron toda una confusión en el intento por definir nuestros verdaderos gustos y personalidades.

La universidad, temporada  del disfrute al máximo y sin límites, en que se encuentran esos compañeros que nunca podrán ser olvidados por la complicidad en las historias dibujadas y escritas en el tiempo, más allá de lo académico.

El trabajo, aquel intento por ser un profesional, por encontrar un lugar en la competitiva sociedad, ese mundo que cada vez se parece menos al de la infancia y la escuela.

Cada etapa es única, cada momento, cada instante que vivimos, sobretodo si lo hacemos al máximo.

A veces nos enamoramos de una época en específico, nos gusta más, nos apegamos a la memoria de lo que sentíamos en esa ocasión, de como creemos que éramos en aquel período; pero en realidad ninguna es mejor que la otra.

Tal vez el “cuanto nos transformamos” en algún punto en específico hiciera parecer que es más trascendental, como en mi paso por la Maestría Espiritual, fue tanto lo crecido, lo descubierto, tanto lo que murió y renació internamente, que en su inmensa profundidad provoca una valoración muy elevada y deja casi sin crédito a los demás ciclos. Lo interesante es que no es así, cada circunstancia ha sido perfecta, mágica y de igual importancia.

No fui menos cuando bebía y fumaba en exceso que cuando me dio por ser deportista. No estuve más cerca del cielo cuando dejé de comer carnes que ahora que ya no soy vegetariana. Tampoco fui más exitosa cuando era empresaria y gané premios y viajes que cuando trabajaba “ad honoren” en una fundación. No fui más valiente cuando emigré a otro país sin dinero en el bolsillo que cuando me quedé en la patria con la seguridad del quince y último. Ni más buena cuando iba a la iglesia y rezaba que cuando decidí que mi corazón era mi única religión y templo. Tampoco fui menos digna cuando cometí infidelidades que cuando me comprometí  a ser fiel. Ni divorciarme me hizo menos honorable que estar casada. Ser medio hippie y bohemia no fue mejor que organizarme y establecerme.

Podría no parar de hacer comparaciones porque he pasado por tantos períodos, he sido tantas cosas diversas y ¡cuánto me alegro por habérmelo permitido!

Cada vez que me encuentro con alguna persona de una temporada de mi vida distinta a la que vivo en este momento, me doy cuenta cuan bueno fue aquel otro instante al sentir el amor que brota de mis ojos, mi corazón calentarse tanto que logro sentirlo en el pecho y conmoverme como si jamás hubiese pasado el tiempo; entonces recuerdo cuán valioso fue todo, absolutamente todo.

Es como si en verdad hubiese ocurrido todo a la vez, o más bien como si nada hubiese sucedido porque la sensación es la misma, permanece, no cambia. Algo más denso y permeable ha estado siempre y perpetúa, viaja en el espacio, aunque cambian las caras, las formas, los paisajes, está todo unido y en paralelo.

Es difícil ponerlo en palabras pero es un deleite darse cuenta de que lo que somos siempre ha estado ahí y ha sido lo mismo. Me genera mucha paz estar al tanto de que nada puede lastimarme, que algo pueda salir mal es una quimera y que nada está pasando aunque parezca que ocurre de todo…

Es profundamente conmovedor e inspirador, solo quería compartirlo…

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Se acerca un fin de ciclo para mi, así como también pronto se termina un año de calendario y con el se van muchas situaciones inesperadas, por decirlo de alguna manera, para no encerrarlas en una palabra que convierta esas experiencias en un juicio valorativo.

Comenzamos mi esposo y yo pidiendo un préstamo para comprar un auto, ya que el es vendedor y llevaba dos años trabajando en transporte público, esto con la intención de aumentar nuestros ingresos porque el tiempo le rendiría mas y los gastos serían menos. Estuvimos cuatro meses esperando por un auto nuevo pero nunca llegó y salimos a buscar uno usado que estuviese en buenas condiciones, recorrimos cinco ciudades hasta encontrar uno.

Iniciamos entonces la venta de nuestro apartamento con el propósito de cancelar esa deuda y convertir el resto del dinero en moneda extranjera, con la mirada puesta en la posibilidad de algún día emigrar. Este tramite se tomó ocho meses entre visitas al banco, a diversas oficinas del gobierno, en mi ciudad, y en la capital.

Seguidamente el gobierno lanzó una devaluación que trajo como consecuencia que la empresa donde mi esposo trabaja tuviese que parar sus ventas por tres meses, por lo tanto, nuestros ingresos se redujeron un 90% y las deudas se incrementaron, mientras yo comenzaba un emprendimiento en la situación económica más crítica de la historia de nuestro país.

Pasamos por la experiencia de estar embarazados y perder el bebé, vernos solo diez días por mes porque el estaba siempre de viaje buscando nuevos trabajos y ventas en la calle. Yo me engordaba cada día más al no poder comprar los alimentos para la dieta, que mi complicado metabolismo requiere para mantenerme delgada.  Y al regreso de nuestras maravillosas y planificadas vacaciones nos encontramos con la noticia de que el auto estaba dañado y había que hacerle el motor.

Cuando ya íbamos a hacer la firma por la venta del apartamento para por fin salir de todas las deudas que se fueron aumentando por aquellas circunstancias, nos informan de una ley que no nos permite vender el inmueble hasta el año 2017, así es que tenemos que devolver la inicial que habíamos recibido, más una penalidad.

Decidimos entonces vender el auto y así adelantar los trámites de nuestra salida del país. El proceso para los papeles de la venta tardó tres meses y cuando ya llegó el documento, resulta que aunque pasaba todas las inspecciones que pide la ley, el título de propiedad con el que nos vendieron el vehículo era falso, fuimos vulgarmente estafados, y nuestro auto fue detenido por las autoridades pertinentes.

Parece una telenovela ¿verdad? Como diría mi querida amiga Meme: “La Vida Misma…”

Hoy estamos en el mismo lugar en que empezó el ciclo, sin auto, mi esposo de nuevo sale a vender en bus, yo sigo maniobrando económicamente con mi emprendimiento, aún tenemos nuestro apartamento (actualmente alquilado), seguimos con deudas, incrementadas en el mismo porcentaje que la inflación de Venezuela; sin embargo, mi compañero y yo nos hemos transformado en una roca gigante, amalgamada, inquebrantable, como esa donde se sientan los turistas a observar la magnificencia del salto más alto del mundo, el Salto Angel en Canaima. Así estamos los dos, unificados, sólidos y en paz, viendo la vida fluir y moverse con tanta rapidez y sorpresa como cae el agua de esa imponente cascada, siendo salpicados por sus gotas, unas frescas y otras fuertes, tal como nos salpica y esculpe la existencia.

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Les cuento todo esto y me conmuevo, porque no puedo negarles que internamente ha sido un proceso de infinito crecimiento, han sido muchas lágrimas, rabietas e ilimitados momentos de reflexión y meditación, pero igual yo sigo creyendo en una vida más simple, más natural, más abundante en presencia que en posesiones, sé que cada cosa es perfecta y sucede porque es lo mejor, y vivirlo todo con entrega nos va llevando involuntariamente a una profunda evolución y a ese lugar interno que es lo único que en realidad importa.

Ahora, para cerrar con broche de oro este período, hace unos días estaba adentro de un centro comercial sentada en una pizzería tomándome un café y un muchacho de máximo unos 20 años entró al local, se acercó a mi mesa y me quitó el celular de la mano diciéndome: -quédese tranquila- y con esa misma calma salió caminando. En microsegundos, cuando el iba llegando a la puerta del lugar yo me levanté sin ningún pensamiento en mi mente y empecé a perseguirlo, el arrancó a correr y yo iba detrás de el gritando como una loca: -ladrón, devuélveme mi teléfono, choro, agárrenlo- Era seguro que jamás lo iba a alcanzar, pero nada de eso pasaba por mi mente, en ese momento la sensación era como de estar viviendo en cámara lenta…

En serio que si imaginan esta escena en sus cerebros se reirían mucho. Yo me veía muy cómica corriendo con mis botas vaqueras y mi cartera colgada en el hombro, pero en medio del humor les digo que aquel evento fue para mí como un “llamado a despertar”. Yo me di cuenta de que en ningún momento sentí miedo, aún allí sumergida en mis redes sociales por el celular con mi café en la otra mano, yo estaba totalmente alerta y no hubo en mi la más mínima duda ni titubeo, me paré y fui por lo mío, e inmediatamente todo mi universo se movió para apoyarme, porque empezaron a salir más y más personas de todos los locales, a correr y gritar detrás de aquel muchacho hasta que lo alcanzaron.

Voy a tomar unas palabras prestadas para decir que me llena mucho saber que a pesar de todo lo que ha sucedido, lo más trascendental y más grande de mi ser, sigue INTACTO. No importa el por qué de las cosas, ni cuan fuerte parezcan, estoy INTACTA, todo lo demás es insignificante, todo lo vivido no es más que un montón de historias que elijo contarme y que definitivamente puedo cambiar el relato o al menos el final de la crónica cuantas veces lo desee; solo tengo que seguir allí, en ese espacio alerta de “No Miedo”.

Hoy quise compartir esta narración con ustedes con la intención de decir adiós y dar por cerrada esta etapa. Gracias doy por todo, sigo sintiéndome bendecida puesto que ¡no hay nada perdido!.

Abro mis brazos y todo mi ser para recibir el nuevo ciclo que inicia con el corazón más abierto, la mente más humilde, el cuerpo más despierto y el alma más presente. Sin plan alguno, solo respirando, confiando, soltando, y ya veremos que pasa…¡El Show debe continuar!

Gracias a todos ustedes, mis fieles acompañantes, se les quiere…

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