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Anoche fue sentenciado a trece años y nueve meses de cárcel el líder opositor venezolano, Leopoldo Lopez, tras haber sido detenido hace un año y medio por expresar sus ideales y sueños por una Venezuela Libre, haciendo un llamado al pueblo a manifestarse pacíficamente en la calle a través de un movimiento que se conoció como “La Salida”, y que trajo múltiples y encontradas opiniones y consecuencias.

Esta mañana al escuchar las quejas y expresiones de algunas personas, manifestándose deprimidas y desesperanzadas, me vino la siguiente pregunta a mi mente: ¿estos individuos estarán siendo capaces de observar qué están haciendo ellos en su diario vivir para ser ejemplo, inspiración y apoyo para que la realidad cambie?

Leopoldo es una persona que cree en algo, tiene un ideal, un sueño, si éste es muy idealista, bueno o malo, que vaya a dar resultados o no; ese no es el punto, la cuestión es que el se entregó a la justicia por decisión propia, con conocimiento de causa de lo que podría suceder, consciente de que dejaba a sus hijos y a su esposa, pero con la convicción profunda de que esto lo llevaría a lograr lo que tanto desea. ¿Lo logrará?, no lo sabemos, el tiempo nos lo dirá, pero les puedo asegurar que ese hombre hoy no amaneció deprimido, se levantó más fuerte, más convencido, y me disculpan si soy muy dura pero ¿entonces quién rayos nos da derecho a nosotros a deprimirnos?…

¿Cuál es tu sueño?, ¿cuál es tu ideal?, ¿por qué sales a luchar semana a semana?, ¿realizas alguna buena acción por el prójimo cada día?, ¿prestas atención a las palabras que pronuncias delante de tus hijos?, ¿eres ejemplo para ellos que te están observando cada segundo?, ¿qué valores les estás inculcando a través de tus acciones?, ¿tu trabajo es honesto o te dejas llevar por la “situación país” y cometes infracciones solo por una seguridad personal?, ¿o te haces el ciego y dejas pasar cosas que sabes que son ilegales?, ¿pisas el rayado con tu auto?, ¿le das paso a los viejitos?, ¿hablas de cosas buenas o de tu boca sale pura negatividad?, ¿te importan los demás?, ¿todos?, ¿rojos, rojitos o amarillos?, ¿blancos?, ¿negros?, ¿tienes un proyecto de vida que influye positivamente, no solo en tus cuatro paredes y en tu hogar, sino también en tu urbanización, en tu grupo de amigos, en tu ciudad, en tu país, en el mundo?, ¿tratas bien a los animales? ¡La lista de preguntas puede ser interminable!…

“Lo primero que haré en cuanto diga que estoy libre es ir a mi casa a abrazar a mis hijos, decirle a Manuela que cumplí mi promesa de volver antes de su cumpleaños, pedirle matrimonio de nuevo a Lilian y a salir a abrazar a mis hermanos de Voluntad Popular (su partido político)”. “Si la sentencia es condenatoria se que usted tendrá más miedo de decirla que yo de escucharla”. “Con orgullo ponganme las esposas, porque estas esposas no me las quita la jueza ni el gobierno, me las quita el pueblo”. Estas fueron tan solo algunas de las palabras que pronunció Leopoldo anoche.

Ahora yo me voy a tomar el descaro y el atrevimiento de preguntarte a ti: ¿hay algo que te mueva en tus adentros tan profundamente como para tener el coraje que tiene este caballero de hacer cosas distintas?, ¿te has preguntado alguna vez si en vez de tirarte a ver la televisión después del trabajo podrías hacer algo para que tu realidad y la de muchos cambie?, ¿no será más bien tu propia inercia lo que te deprime?, ¿no será mantenerte en tu zona de confort, dormido, aletargado?, ¿no será la inhabilidad de empujarte a generar cambios?, ¿la comodidad de elegir lo mismo, de caer en el lugar común?, ¿la irresponsabilidad de no asumir el control absoluto de tu vida?…

Señores pido mil disculpas con todo mi corazón pero yo hoy lo que me siento es arrecha (molesta) de escuchar tantas pendejadas (estupideces), y pido disculpas de nuevo, pero humildemente solo trato de que reflexionemos juntos. NO se puede tener resultados distintos haciendo las mismas cosas, y si haces un estudio minucioso de tu rutina diaria en los últimos años, podrás darte cuenta los diversos malos hábitos que has adquirido. Te lo digo porque yo tuve el valor de hacerlo y me quedé avergonzadamente abismada.

Mi invitación es a hacer cosas diferentes, de las crisis solo se sale dando el extra, poniendo el 110% del esfuerzo, ¿es fácil?, no, no lo es, a veces cansa y da flojera pero hay que empujarse, enfocarse, hay que ser valiente como este personaje por el que hoy te sientes triste. El tiene un propósito y no es tan solo personal, eso es lo que lo mantiene en pie. Sal de tu metro cuadrado, no pienses solo en lo que tu sientes y necesitas, mira más allá, da…¡Encuentra un propósito más elevado o eleva más tu propósito! ¡Te aseguro que no tendrás tiempo para estar deprimido!

Los amo profundamente, con éste, mi corazón enardecido…

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He estado perdida mis queridos porque estoy muy enfocada en acciones concretas para cambios profundos y sostenidos.

Me tomo el tiempo hoy porque desde que me levanté tenía esta frase en la cabeza dando vueltas. Vivir esta época en Venezuela me ha enseñado muchísimas cosas. Gracias a haber desarrollado mi habilidad de observadora y testigo presente de las circunstancias, he podido sacar conclusiones bien interesantes acerca del comportamiento humano en tiempos de crisis.

Para nadie es un secreto lo que se vive en mi país y muchos de ustedes han seguido mis entradas en este blog una a una. Las razones por las que estamos atravesando esta realidad parecieran ser infinitas, aunque algunos solo la atribuyen a un sector, o hasta un único personaje. Lo que yo me he dado cuenta es que la causa está intrínsecamente relacionada con la capacidad de cada persona a estar atento a los cambios y dispuesto a llevarlos a cabo.

Si nada de lo que estaba realizando hasta el día de hoy me trae los resultados que antes tenía o que nunca obtuve, definitivamente hay que hacer algo distinto. Estuvimos demasiados años acostumbrados a que todo se daba en esta tierra de abundancia, pero el mundo va transformándose y nosotros formamos parte de un todo que inevitablemente muta. Nos incomoda un poco tener que cambiar porque era ya conocido y seguro lo que hacíamos. Nos toca hacer reajustes en nuestras rutinas, nuestras formas de comprar insumos, e incluso en como ganarnos el pan de cada día.

Entonces veo tres tipos de venezolanos. Los que entre tanto caos se asfixiaron en el problema de la rutina y están tan angustiados que no logran ver, oír ni hacer ninguna renovación en su vida, y por lo tanto, cada día cavan un hoyo más y más profundo y sin salida. Están otros que están haciendo muchísimo, trabajan día a día, aportan, luchan, pero al final de la jornada están agotados porque a pesar de tanto esfuerzo no logran ver los resultados, y cada mañana tienen que buscar la fortaleza, viviendo en un ciclo sin fin que termina todas las noches con una inmensa desesperanza. Hay otro grupo de individuos alertas, entendiendo que no solo hay que trabajar sino hay que hacer cosas distintas, que hay que estar dispuestos a tomar algunas acciones aunque no nos gusten, buscar alternativas nuevas, dejarse llevar y transformarse al ritmo de la universalidad. Estos últimos se acuestan y se levantan entusiasmados a pesar de las interminables malas noticias.

Veo pues que queremos tenerlo todo tal como era antes pero eso es imposible. Lo único constante es el cambio. Debemos agradecer a esta supuesta y falsa “crisis” por darnos la oportunidad de crecer y desarrollar nuevas habilidades, descubrir nuevos talentos y medir nuestra grandeza. No es peleando contra lo que sucede que vamos a lograr la reforma, es con la inteligencia y apertura de sufrir la metamorfosis necesaria en todos los ámbitos de nuestra vida. Si hay que desarrollar un nuevo trabajo, hacerlo. Si hay que salir a la calle en vez de estar en una oficina, hacerlo. Si hay que dejar a nuestros hijos solos más tiempo, hacerlo. Si hay que abandonar algunos hábitos y costumbres,  hacerlo. Si hay que vencer el status, los miedos y la comodidad, hacerlo.

Estoy absolutamente segura de que aquellos que estén dispuestos a hacer cosas diferentes, disfrutarán los mayores beneficios que traiga el fin del “caos venezolano”. Trabajemos inteligentemente en tiempos de crisis y disfrutaremos de la abundancia, pues así como “la conciencia” te da, luego de que tu le has entregado todo a ella, así mismo es la vida, así mismo es el amor, así mismo es la prosperidad, así mismo es la economía. Nada esta separado.

“La crisis hace campeones” señores, y doy gracias por ser partícipe y testigo de todos esos campeones que se están forjando en Venezuela, líderes de trascendencia, personas que ya están saliendo del país a dar ejemplo, mostrando otra cara de la moneda ¡Tu eliges que tipo de venezolano ser!

Gracias por leerme…

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En la vida, al menos la mía que no ha sido muy lineal ni estática, pasamos por diferentes épocas, distintas etapas que en mi caso algunas han sido totalmente opuestas a las otras.

Desde la infancia, que me recuerdo muy alegre, con mi inocencia y la pasión por la danza. Aquellos viajes con la familia y los juegos de adivinanzas y cantos en la ruta que hacíamos mientras papá conducía y yo acariciaba su rostro desde el asiento de atrás.

La escuela, donde todo era bastante sencillo, con las amigas de la niñez, de las muñecas y las pijamadas. Esas con las que fuimos creciendo y descubriendo las cosas hasta llegar a la adolescencia, cuando los chicos empezaron a ser más importantes y los cambios hormonales iniciaron toda una confusión en el intento por definir nuestros verdaderos gustos y personalidades.

La universidad, temporada  del disfrute al máximo y sin límites, en que se encuentran esos compañeros que nunca podrán ser olvidados por la complicidad en las historias dibujadas y escritas en el tiempo, más allá de lo académico.

El trabajo, aquel intento por ser un profesional, por encontrar un lugar en la competitiva sociedad, ese mundo que cada vez se parece menos al de la infancia y la escuela.

Cada etapa es única, cada momento, cada instante que vivimos, sobretodo si lo hacemos al máximo.

A veces nos enamoramos de una época en específico, nos gusta más, nos apegamos a la memoria de lo que sentíamos en esa ocasión, de como creemos que éramos en aquel período; pero en realidad ninguna es mejor que la otra.

Tal vez el “cuanto nos transformamos” en algún punto en específico hiciera parecer que es más trascendental, como en mi paso por la Maestría Espiritual, fue tanto lo crecido, lo descubierto, tanto lo que murió y renació internamente, que en su inmensa profundidad provoca una valoración muy elevada y deja casi sin crédito a los demás ciclos. Lo interesante es que no es así, cada circunstancia ha sido perfecta, mágica y de igual importancia.

No fui menos cuando bebía y fumaba en exceso que cuando me dio por ser deportista. No estuve más cerca del cielo cuando dejé de comer carnes que ahora que ya no soy vegetariana. Tampoco fui más exitosa cuando era empresaria y gané premios y viajes que cuando trabajaba “ad honoren” en una fundación. No fui más valiente cuando emigré a otro país sin dinero en el bolsillo que cuando me quedé en la patria con la seguridad del quince y último. Ni más buena cuando iba a la iglesia y rezaba que cuando decidí que mi corazón era mi única religión y templo. Tampoco fui menos digna cuando cometí infidelidades que cuando me comprometí  a ser fiel. Ni divorciarme me hizo menos honorable que estar casada. Ser medio hippie y bohemia no fue mejor que organizarme y establecerme.

Podría no parar de hacer comparaciones porque he pasado por tantos períodos, he sido tantas cosas diversas y ¡cuánto me alegro por habérmelo permitido!

Cada vez que me encuentro con alguna persona de una temporada de mi vida distinta a la que vivo en este momento, me doy cuenta cuan bueno fue aquel otro instante al sentir el amor que brota de mis ojos, mi corazón calentarse tanto que logro sentirlo en el pecho y conmoverme como si jamás hubiese pasado el tiempo; entonces recuerdo cuán valioso fue todo, absolutamente todo.

Es como si en verdad hubiese ocurrido todo a la vez, o más bien como si nada hubiese sucedido porque la sensación es la misma, permanece, no cambia. Algo más denso y permeable ha estado siempre y perpetúa, viaja en el espacio, aunque cambian las caras, las formas, los paisajes, está todo unido y en paralelo.

Es difícil ponerlo en palabras pero es un deleite darse cuenta de que lo que somos siempre ha estado ahí y ha sido lo mismo. Me genera mucha paz estar al tanto de que nada puede lastimarme, que algo pueda salir mal es una quimera y que nada está pasando aunque parezca que ocurre de todo…

Es profundamente conmovedor e inspirador, solo quería compartirlo…

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Todo empezó un día de vacaciones sentados frente al mar. Conversábamos acerca de nuestro tiempo juntos y nos dijimos: Si algún día nos casamos, ¡hagámoslo en la playa!.

En realidad no lo recuerdo exactamente pero lo de la playa debo haberlo sugerido yo, porque fue un sueño que tuve desde pequeña. La grandiosidad del agua, el aire, los colores naturales y un techo azul abierto maravilloso dejándonos ver hacia el infinito…En fin, solo fue una idea, no había ninguna certeza ni acuerdo formal pero yo comencé a planificarlo en mi mente y hasta en papel, porque suelo anotarlo todo y planificar por escrito, hacer mapas mentales, listar las necesidades, etc, etc, etc…

No le dije nada a el pero escogí la fecha en que me gustaría celebrarlo, exactamente un año después de esa conversación. Le escribí a una amiga de la juventud que es mi diseñadora de modas favorita y le dije que posiblemente me casaría en julio 2013 y quería que ella me diseñara todo, pero que nadie sabia aún. Mande mensaje a todos mis amigos de afuera del país para que pudiesen organizarse económicamente si deseaban estar presentes, y esperé…

En el mes de Noviembre, para mi cumpleaños, mi mejor amiga en complot con mi novio me organizaron una escapada sorpresa a uno de mis lugares favoritos en el mundo: La Ciénaga. Cuando niña íbamos con mi papá y mi tío, El Ziggy, un cantautor de esos bien hippies y rebeldes. Mi abuelo tenia una casa allí y a mi me encantaba esta cuestión de estar alejados, en la naturaleza, encerrados entre el mar y la montaña; ademas que disfrutaba inmensamente ver a mi tío sentarse con su guitarra a componer canciones sobre los pescadores de la zona, con los que a veces salía a pescar y bebía hasta al amanecer.

Bueno, allí, a la luz de las estrellas sumergidos en el mar por la noche, mi novio sacó un anillo y me dijo que quería pasar el resto de su vida conmigo…

No es absolutamente mentira eso que dicen que las mujeres soñamos con el vestido blanco y el príncipe azul, y es que desde muy niños Disney nos empieza a contar esa historia con sus dibujos animados y lo vemos tantas veces que se nos queda grabado en el subconsciente. Luego todas las películas de Hollywood nos echan el mismo cuento, los comerciales de TV, las telenovelas, los medios de comunicación con tanto bombardeo por todas partes, que ya ni sabemos si en verdad ¿lo queremos nosotros  o quien?. Yo reconozco que de niña lo quise mucho pero de adolescente me pelee con todas las historias románticas (bueno en verdad me peleaba con todo solo por llevar la contraria je je) lo cierto es que ya no quería ni casarme ni creía en ninguna tontería de esas que consideraba cursi. Luego en mis años de Maestría Espiritual descubrí que el verdadero amor nada tenia que ver con los cuentos de hadas y que el romanticismo no es mas que una necesidad de sentir que algo y/o alguien nos completa internamente porque tenemos la incapacidad de llenarnos con nosotros mismos.

La experiencia que tuve con mi boda fue única y muy enriquecedora. Yo decidí lanzarme al agua, como coloquialmente se dice, absolutamente consciente, sabiendo que lo único eterno es la luz que soy por dentro y que a la única persona que necesito para ser feliz es a mi misma. Con esa cálida certeza, pude elegir jugar una vez mas como una niña y hacerlo al 100%, usarlo como una nueva oportunidad de ser mas, de dar mas y crecer mas. En definitiva si iba a hacerlo, mejor realizarlo con toda mi pasión y entrega, como me gusta hacer las cosas.

Los próximos ocho meses se convirtieron en un viaje inimaginable. Me dediqué a hacerlo todo yo misma con el amoroso apoyo de mis seres queridos. Absolutamente cada detalle de ese evento salió de mi. Escoger la fecha, el lugar, el tipo de decoración, la música, el menú, hacer las invitaciones, los centros de mesa y los recuerdos. Escribir mis votos, crear la ceremonia con sus lecturas, así como todo el diseño del altar con cada uno de sus elementos. Lo mas importante para mi era colmar de atenciones a nuestros invitados, llenarlos con la sencillez y calidez de la tierra venezolana, regalarles un momento inolvidable, una horas de alegría sin trajes armados ni tacones incómodos, con la libertad de un espacio abierto en el que correr, sumergirse en el mar, tomar el sol o simplemente reposar en la arena. Hacerles sentir cuan valioso había sido para nosotros, el que cada uno de ellos estuviese presente en alguno de los instantes de nuestra vida, que nos condujeron hasta ese día.

Realmente si hay algo que puede describir mi ser a la perfección fue ese 25 de julio de 2013. Un obsequio que me di a mi misma y en el que quise incluir a todos. Intenté que por lo menos los mas cercanos tomaran alguna participación, fueran parte de la aventura a la que mi pareja me invitó. Me reuní con seres de la infancia, llamé a amigos con quienes no hablaba por muchos años, escogí verdaderos artesanos, artistas para cada cosa: la vestimenta, los anillos, los accesorios, las flores. Aprecié el tener tanta abundancia porque pude darme el lujo de escogerlo todo, quien me casara, quien me vistiera. No había organizadora de eventos ni salón de festejos, fue la madrina quien armó todo, mis hermanos, mis primos, mis tías, mi padre, quien casi se vuelve loco el y a mi paciente madre, porque yo siempre lo saco de sus esquemas y paradigmas mentales. Mi esposo junto a su familia tejieron para mi una red de pesca como parte de la decoración, mi suegra cocinó. Todo fue perfecto y mágico…

Ha transitado ya 1 año desde ese momento y no podía dejarlo pasar, quería compartirles esta parte de mi vida  porque creo que todos debemos darnos eso al menos una vez, o ¿por que no siempre?, el regalo de lanzarnos 100% mas allá de los miedos y de cualquier límite, a dárnoslo absolutamente todo, a permitirnos tener lo que queremos tal como lo queremos, sin escatimar, a amarnos tanto que no exista ni un solo elemento que dejemos por fuera. Yo me lo di todo y estoy segura que en ese dar llené de oportunidades a muchos, de  reír, de re-encontrarse, de llorar, de verse a si mismos, de atravesar limitaciones, de vivir momentos alegres e inolvidables y también de dar y darse.

Después de la diversión del proceso de tanto hacer y planificar por meses, me olvidé de todo y disfruté al máximo aquel día de playa, descalza, en traje de baño, con el cabello y el maquillaje mojado, saltando en el mar, bailando al ritmo de los tambores, tomándome fotos cómicas, rodeada de tantos personajes maravillosos de mi historia, estando completamente en el momento presente y recibiendo la inmensidad de todo lo que me atreví a hacer y a darme, recibiendo tanto que no alcanzan las palabras para describirlo.

Yo tuve mi boda soñada, no la de los cuentos de hadas, yo hice de aquel acontecimiento humano un retrato perfecto de lo que soy, de mi verdadera pasión y de lo que, para mi,  es realmente importante mantener vivo en este camino que estoy transitando: el amor, la entrega, la dicha y la unidad.

¡Feliz 1er Aniversario!

Si quieres disfrutar un poco más te invito a visitar el blog de mi boda http://vickale.wordpress.com

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Estábamos ya por finalizar este juego en la fase a la que nadie quiere llegar: el regreso. El viaje fue un partido largo, emocionante y apasionado. Lo vivimos al máximo y entregamos todo como los mejores atletas del mundo. Cinco días nos llevó el retorno y cada uno fue como un glorioso tiro penal cobrado y anotado.

El primero fue la visita a Simone en Florianópolis después de seis años sin vernos. Esta vez el autobús lo tomamos de día y pudimos disfrutar del hermoso paisaje desde Río hacia el sur, con sus vías completamente verdes. Realmente Brasil nos recibió amablemente, todo se dio de manera perfecta, su capacidad para atender al turista, sus maravillosos medios de transporte dentro y entre las ciudades, estos últimos con wi-fi, nos permitieron tener una estadía estupenda.

Mi querida amiga nos buscó al terminal y después de un ameno desayuno ella se fue a trabajar. Nosotros nos aprontamos para salir a conocer un poco, pero a la una de la tarde ya estábamos de nuevo con Simone viendo el partido Brasil-México en un bar al borde del rio, donde reímos a carcajadas y tomamos muchas cervezas.

Con Simone en Florianópolis

Florianópolis

Este fue uno de mis días favoritos en este país. Ver el juego con mi amiga rodeada solo de brasileros gritando y bebiendo. Compartir con ella que es una persona tan fresca y alegre. Pasear de noche por la playa y los lugares que mas le gustan de su ciudad. Y desayunar juntas a la mañana siguiente recordando tantas cosas, contándonos de nuestras nuevas vidas y agradeciendo la infinidad de posibilidades que están dadas para cada una.

Corrimos, literalmente, para tomar el bus que casi nos deja, y salimos de Brasil pero volvería una y mil veces a la linda Floripa, porque sé con certeza que siempre encontraré un hogar cálido con sus puertas totalmente abiertas para mi.

El segundo y mejor penal de la tanda, fue disfrutar en Montevideo la victoria de La Celeste ante Inglaterra con aquellos dos goles de Suárez en el histórico día de Artigas. Llegamos a media mañana y nos quedamos en casa viendo el partido, en aquella misma televisión que en el año 2010 sufríamos Meme y yo observando a Fucile tirado en el campo sin moverse, en el mismo sillón donde nos mordíamos los dedos en el juego contra Ghana, y en el mismo salón donde hinchamos y celebramos el 4to lugar de Uruguay en el Copa de Sudáfrica.

Allí estábamos con la bandera, las camisetas celeste y también las bufandas ¡Toda la cábala armada! Lo más divertido era escuchar los comentarios de Lilita dándole mensajes moralistas a los jugadores uruguayos: ¡No, eso no lo podés hacer! – decía; pero ella, a sus 74 años, era la primera que deseaba bajar a La Rambla al terminar el partido, y así lo hicimos. Gritos, fuegos artificiales, bocinazos y el repetido canto: “volveremos a ser campeones como la 1ra vez…” Los charrúas estaban de fiesta disfrutando el respiro que le dio aquella victoria, y nosotros, estos cuatro aventureros, fuimos parte de ella. La celebración la terminamos con cerveza, mozzarella y faina en el Bar Valerio de la esquina.

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Bar Valerio en Pocitos, Montevideo

Al día siguiente marcamos el tercer penal con un súper completo y último día en la tierra oriental. Desayunamos con Nico en su hermoso y nuevo apartamento con estufa a leña y terraza. El placer de ver tan feliz con su vida a un amigo tan cercano, escuchar sus historias y sentirlo tan distinto, re-encontrarse en ese abrazo que nunca cambia mas allá de cualquier circunstancia.

Conocer el mítico Estadio Centenario, pasear por el parque Batlle, respirar ese aire divino y caminar por la 18 de julio hasta sentarnos en un bar a comernos el último pedazo de buena carne. Entrar a la tienda del Hincha y comprarme aquella mochila de la selección que tanto quería. Y cerrar con broche de oro en casa de mi querido Diego, quien me recibió otra vez con su guitarra, su canto y esa amistad que nos da para charlar por horas, de tantas cosas. Me fui de allí con ganas de seguir cantando con Natalia y Kari, dejando siempre un espacito para retornar otra vez porque me quedo con gusto a poco, y hay que volver, hay que volver eternamente a donde uno se siente tan bien… Así dijimos adiós a Uruguay, yo con lágrimas en los ojos y con mi corazón hinchado de tanto agradecimiento.

Guitarrada en casa de Diego

Guitarrada en casa de Diego

Ya casi ganábamos el juego y estábamos relajados de vuelta en Buenos Aires, con el problema resuelto de las tarjetas de crédito haciendo compras para terminar el cupo en dólares. Paseando por el Centro, hospedados en un cómodo Hotel en la calle Suipacha.

Ese día anotamos el cuarto penal viendo en el propio suelo argentino el único balón que entró al arco en los últimos minutos entre Argentina e Irán. No podíamos terminar este viaje sin vivir aquella experiencia. Los porteños estuvieron con el ceño fruncido todo el partido hasta que su Dios de la cancha, Messi, les hizo el milagro y comenzó la algarabía. Finalmente pudimos celebrar, en sus propias tierras, al menos un gol de la selección de cada país que visitamos.

Aquella noche terminó con buen cine y el último penal lo cobramos 24 horas después, justo antes de partir a tomar el avión, despidiéndonos en el Tango Porteño con una fabulosa cena-show y nuestras franelas de la Fifa World Cup Brasil 2014.

El equipo de campeones

El equipo de campeones

Así que triunfamos con ventaja en el marcador en este tour mundialista lleno de anécdotas y experiencias inimaginables, al igual que un encuentro de fútbol, pasando por diferentes ritmos y viviendo tantas emociones distintas. Con tiempos de juego lento, momentos de tensión frente al arco y la euforia cuando se anota un gol. Logramos el sueño sin importar cuántos obstáculos y como un equipo de campeones volvimos a Venezuela alzando la Copa de la confianza.

Nuestro país no es el mejor del mundo, es quizás en la actualidad el ultimo en la lista, sin embargo, hay un algo arraigado en nuestra idiosincrasia, que más allá de esta gran crisis que vivimos, nos sigue identificando como venezolanos: esa creatividad, un tanto informal pero alegre, que ponemos siempre para encontrar las maneras de alcanzar todo lo que queremos.

¡Vamos Vinotinto que si se puede, nos vemos en el Mundial Rusia 2018!

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Eran las seis de la mañana cuando llegamos a Sao Paulo. Ya se sentía en el ambiente la emoción y la energía de la Copa del Mundo. Franelas (remeras) amarillas, acentos de todas partes, distintos idiomas. Rápidamente fuimos a buscar pasaje para Fortaleza, porque en dos días teníamos que estar allá en el juego, pero ninguna compañía tenía disponibilidad para llegar a tiempo.

Desayunamos, buscamos oficina turística que nos diera información y mapas, como hacíamos en cada ciudad al llegar, y entramos a un cyber a buscar pasajes de avión por internet. Parecían un poco costosos pero podríamos reducir gastos regresando en autobús, el asunto era buscar una agencia de viajes para comprarlos, porque como ya les conté, los venezolanos no tenemos mucha capacidad de cupo en dólares para comprar por la web.

Desesperados ya por tomar una ducha nos fuimos a un hotel por recomendación de los chicos del turismo, afortunadamente tenían disponibilidad y nos dejaron tomar las habitaciones de una vez. Después de tres noches finalmente íbamos a dormir de nuevo en una cama. Nos bañamos, cada uno se colocó la camiseta de su equipo de fútbol y emocionados nos fuimos al estadio donde se llevaría a cabo la gran inauguración del Mundial Brasil 2014.

Estación de Metro

Estación de Metro

¡Qué ciudad tan gigante! Aquello era increíble, el metro tenía como unas 64 estaciones en 5 líneas diferentes. A veces subíamos tres escaleras para tomar el vagón sobre la ciudad y luego teníamos que volver a bajar para tomar uno subterráneo. Mientras más se acercaba la hora del juego mas personas con camiseta amarilla había en la calle, se aglomeraban en todas partes. Nos encontramos con venezolanos, pero también habían colombianos, uruguayos, mexicanos, croatas, chilenos, bosnios. Era una conglomeración de ciudadanías.

Estadio Arena Corinthians

Estadio Arena Corinthians

Llegamos a la última estación. La alegría y euforia en el ambiente era contagiosa. Gritos, consignas, vuvuzelas, pitos, cervezas. Todos compartiendo y caminando hacia la entrada del estadio. Trasvestis, estatuas vivientes, disfraces, banderas, personalidades, medios de comunicación. ¡Una verdadera fiesta!

Inauguración del Mundial 2014

Inauguración del Mundial 2014

Nos tomamos fotos, hablamos con muchos, llegamos lo mas cerca de la entrada que pudimos y luego intentamos pasar a una zona con pantalla para ver el juego pero fue imposible, había demasiada gente. Nos fuimos al Fifa Fan Fest y el intento por entrar fue aún mas caótico. Lo cierto es que lo vimos  en una calle con cientos de personas abarrotadas frente a un pequeño bar que puso TV hacia fuera y cada vez que Brasil hacía una buena jugada salían por las ventanas de la casa de arriba unos jóvenes gritando y moviendo su bandera. ¡Realmente fue tan divertido!

Cerca de la entrada del Estadio

Cerca de la entrada del Estadio

Explicar lo que significa estar en un país tan futbolero el día de la inauguración de una Copa de la Fifa y que este país gane el partido, la verdad que es muy difícil, es como que en unas horas todos se olvidan del hambre, de los conflictos económicos, de las diferencias políticas y las dificultades cotidianas, y cuando hablo de todos, me refiero a los mas pudientes, los del medio, y también a esa familia entera que estaba viviendo en una tienda de campaña en el parque que estaba justo atrás de nosotros, mientras veíamos el juego.

Aquella noche el cansancio y la algarabía vivida nos hizo dormir como bebés. Ya habíamos hecho el primer gol pero seguía al día siguiente ir a conocer uno de los mejores Museos del Fútbol, el del Estadio Pacaembú. La verdad es que ver la historia de los mundiales contada de esa manera fue muy lindo, yo me conecté con los recuerdos de mi niñez y el “cómo” comenzó mi pasión por este deporte. También aprendí mucho. Nos llevó casi medio día y fue bastante relajado. Al terminar nos sentamos en el bar de afuera a tomar unas cervezas y a ver el 1er juego de México en la Copa.

En el Museo del Fútbol

En el Museo del Fútbol

Aún no resolvíamos lo del pasaje a Fortaleza. Fuimos a dos agencias de viaje y tampoco había disponibilidad en avión. Aquello fue un gol en contra, ese fue el único día en que la tripulación discutió, unos querían hacerlo todo por estar allí y otros no tanto. No hubiese sido un viaje completo sin aquellas diferencias, es parte de la vida, así que nos tocó soltarlo y traernos las entradas como suvenir, no hubo manera de llegar al partido.

El recorrido por la ciudad continuó caminando por la congestionada avenida 25 de Marzo, con almuerzo en un bar muy elegante donde nos comimos las mejores hamburguesas del tour y disfrutamos sorprendidos la terrible e inminente derrota de España ante Holanda. Cuando íbamos a tomar el metro nos dimos cuenta que estábamos muy cerca del Fifa Fan Fest, así que esta vez si pudimos entrar y disfrutar de aquella divertida experiencia viendo el último partido del día, el de Chile, en pantalla gigante, rodeados de nuevo por una gran y diversa multitud.

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Porto Alegre

Porto Alegre

Después de un largo y anecdótico viaje con mexicanos, argentinos y diversas nacionalidades, llegamos a Porto Alegre y nos recibió un gigante con pelota en mano y la camiseta del seleccionado.

Compramos inmediatamente el pasaje al siguiente destino y nos dispusimos a recorrer aquella ciudad bastante húmeda, en un bus turístico sin techo que congestionó mi nariz con una terrible alergia. Sin embargo, disfrutamos muchísimo todas sus paradas, especialmente cuando vimos el primer estadio de fútbol donde se jugaría en unos días algún partido de la Copa del Mundo, el estadio Beira-Rio.

Estadio Beira-Rio Fifa World Cup 2014

Estadio Beira-Rio Fifa World Cup 2014

Particularmente estábamos fascinados con el verdor y los parques en el medio de la ciudad, las bellísimas ventas de flores y el Mercado Público limpio, ordenado y repleto de víveres e insumos. Aprovechamos al máximo este día y fue aquí que probé por primera vez la rica “farofa” que degusté durante toda mi estadía en Brasil y no fue sino hasta la última parada, que descubrí que simplemente se trataba de yuca molida, como una especie de harina condimentada.

Tampoco olvidaré jamás el limpio y cómodo baño de aquel lugar donde nos sentamos a tomar un delicioso café y a aprovechar el wi-fi. Tendríamos varias paradas antes de volver a tener una habitación privada, así que un buen tocador era muy apreciado. Esa noche antes de partir nos dimos cuenta muy tarde que en el terminal existían duchas, así que nos perdimos esa oportunidad antes de tomar el bus para Curitiba.

Tempranito estábamos ya en esa hermosísima, moderna y ecológica urbe que nos enamoró por sus novedosas paradas de transporte público, la estación de tren convertida en bello centro comercial, sus espectaculares parques y museos, especialmente el de Oscar Niemeyer, quien ha modernizado no solo a Curitiba sino a otras ciudades de Brasil. Es, con seguridad, un lugar al que volveríamos de nuevo. Lamentablemente no nos dio el tiempo para disfrutarlo tanto porque luego de conocer el estadio Arena de Baixada, nos fuimos al Ticket Center de la Fifa y perdimos muchas horas tratando de conseguir entradas para algún partido.

Estadio Arena de Baixada Fifa World Cup 2014

Estadio Arena de Baixada Fifa World Cup 2014

Allí con paciencia en una fila esperábamos varias personas de distintas procedencias a que en las pantallas se liberaran lugares. Sorpresivamente se abrieron dos espacios para la inauguración pero un chico argentino estaba delante de nosotros y logró comprar uno, el otro se lo llevó algún empleado de otra oficina de la Fifa que fue mas rápido, porque esto era como una casa de apuestas, cientos de personas estaban pegados a una computadora esperando que alguien re-vendiera para tomar el lugar, había que estar atentos y ser muy habilidoso.

Estando ahí descubrimos que la venta de boletos a los partidos se realiza por sorteo. A cada país se le otorga una cantidad específica. Por ejemplo a Venezuela no se le dio la posibilidad de comprar ni una sola entrada para la inauguración, es por eso que a nosotros siempre nos aparecía por internet desde el 2013 que estaban agotadas. Los países que mas disponen de tickets son USA y Cánada.

No había lugar para ninguno de los juegos de las ciudades que visitaríamos, todos los estadios del sur estaban repletos y solo había disponibilidad para las localidades del norte de Brasil, que por ser un país tan grande, las distancias son inmensas. Después de una larga espera decidimos comprar para el juego de Uruguay-Costa Rica y cambiar nuestra trayectoria aunque fuese un lugar muy lejano. Estábamos dispuestos a pasar las horas que fuesen necesarias en una carretera para poder ir a un juego en vivo.

FULECO, mascota del Mundial Brasil 2014

FULECO, mascota del Mundial Brasil 2014

Salimos de allí a tomar el bus que nos llevaría esa noche hasta Sao Paulo. Íbamos mas contentos que muchacho chiquito con juguete nuevo, lo que no sabíamos es que nos esperaba una tediosa y larga agonía para conseguir pasaje hasta Fortaleza, que era a donde se llevaría a cabo ese partido.

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