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Estábamos ya por finalizar este juego en la fase a la que nadie quiere llegar: el regreso. El viaje fue un partido largo, emocionante y apasionado. Lo vivimos al máximo y entregamos todo como los mejores atletas del mundo. Cinco días nos llevó el retorno y cada uno fue como un glorioso tiro penal cobrado y anotado.

El primero fue la visita a Simone en Florianópolis después de seis años sin vernos. Esta vez el autobús lo tomamos de día y pudimos disfrutar del hermoso paisaje desde Río hacia el sur, con sus vías completamente verdes. Realmente Brasil nos recibió amablemente, todo se dio de manera perfecta, su capacidad para atender al turista, sus maravillosos medios de transporte dentro y entre las ciudades, estos últimos con wi-fi, nos permitieron tener una estadía estupenda.

Mi querida amiga nos buscó al terminal y después de un ameno desayuno ella se fue a trabajar. Nosotros nos aprontamos para salir a conocer un poco, pero a la una de la tarde ya estábamos de nuevo con Simone viendo el partido Brasil-México en un bar al borde del rio, donde reímos a carcajadas y tomamos muchas cervezas.

Con Simone en Florianópolis

Florianópolis

Este fue uno de mis días favoritos en este país. Ver el juego con mi amiga rodeada solo de brasileros gritando y bebiendo. Compartir con ella que es una persona tan fresca y alegre. Pasear de noche por la playa y los lugares que mas le gustan de su ciudad. Y desayunar juntas a la mañana siguiente recordando tantas cosas, contándonos de nuestras nuevas vidas y agradeciendo la infinidad de posibilidades que están dadas para cada una.

Corrimos, literalmente, para tomar el bus que casi nos deja, y salimos de Brasil pero volvería una y mil veces a la linda Floripa, porque sé con certeza que siempre encontraré un hogar cálido con sus puertas totalmente abiertas para mi.

El segundo y mejor penal de la tanda, fue disfrutar en Montevideo la victoria de La Celeste ante Inglaterra con aquellos dos goles de Suárez en el histórico día de Artigas. Llegamos a media mañana y nos quedamos en casa viendo el partido, en aquella misma televisión que en el año 2010 sufríamos Meme y yo observando a Fucile tirado en el campo sin moverse, en el mismo sillón donde nos mordíamos los dedos en el juego contra Ghana, y en el mismo salón donde hinchamos y celebramos el 4to lugar de Uruguay en el Copa de Sudáfrica.

Allí estábamos con la bandera, las camisetas celeste y también las bufandas ¡Toda la cábala armada! Lo más divertido era escuchar los comentarios de Lilita dándole mensajes moralistas a los jugadores uruguayos: ¡No, eso no lo podés hacer! – decía; pero ella, a sus 74 años, era la primera que deseaba bajar a La Rambla al terminar el partido, y así lo hicimos. Gritos, fuegos artificiales, bocinazos y el repetido canto: “volveremos a ser campeones como la 1ra vez…” Los charrúas estaban de fiesta disfrutando el respiro que le dio aquella victoria, y nosotros, estos cuatro aventureros, fuimos parte de ella. La celebración la terminamos con cerveza, mozzarella y faina en el Bar Valerio de la esquina.

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Bar Valerio en Pocitos, Montevideo

Al día siguiente marcamos el tercer penal con un súper completo y último día en la tierra oriental. Desayunamos con Nico en su hermoso y nuevo apartamento con estufa a leña y terraza. El placer de ver tan feliz con su vida a un amigo tan cercano, escuchar sus historias y sentirlo tan distinto, re-encontrarse en ese abrazo que nunca cambia mas allá de cualquier circunstancia.

Conocer el mítico Estadio Centenario, pasear por el parque Batlle, respirar ese aire divino y caminar por la 18 de julio hasta sentarnos en un bar a comernos el último pedazo de buena carne. Entrar a la tienda del Hincha y comprarme aquella mochila de la selección que tanto quería. Y cerrar con broche de oro en casa de mi querido Diego, quien me recibió otra vez con su guitarra, su canto y esa amistad que nos da para charlar por horas, de tantas cosas. Me fui de allí con ganas de seguir cantando con Natalia y Kari, dejando siempre un espacito para retornar otra vez porque me quedo con gusto a poco, y hay que volver, hay que volver eternamente a donde uno se siente tan bien… Así dijimos adiós a Uruguay, yo con lágrimas en los ojos y con mi corazón hinchado de tanto agradecimiento.

Guitarrada en casa de Diego

Guitarrada en casa de Diego

Ya casi ganábamos el juego y estábamos relajados de vuelta en Buenos Aires, con el problema resuelto de las tarjetas de crédito haciendo compras para terminar el cupo en dólares. Paseando por el Centro, hospedados en un cómodo Hotel en la calle Suipacha.

Ese día anotamos el cuarto penal viendo en el propio suelo argentino el único balón que entró al arco en los últimos minutos entre Argentina e Irán. No podíamos terminar este viaje sin vivir aquella experiencia. Los porteños estuvieron con el ceño fruncido todo el partido hasta que su Dios de la cancha, Messi, les hizo el milagro y comenzó la algarabía. Finalmente pudimos celebrar, en sus propias tierras, al menos un gol de la selección de cada país que visitamos.

Aquella noche terminó con buen cine y el último penal lo cobramos 24 horas después, justo antes de partir a tomar el avión, despidiéndonos en el Tango Porteño con una fabulosa cena-show y nuestras franelas de la Fifa World Cup Brasil 2014.

El equipo de campeones

El equipo de campeones

Así que triunfamos con ventaja en el marcador en este tour mundialista lleno de anécdotas y experiencias inimaginables, al igual que un encuentro de fútbol, pasando por diferentes ritmos y viviendo tantas emociones distintas. Con tiempos de juego lento, momentos de tensión frente al arco y la euforia cuando se anota un gol. Logramos el sueño sin importar cuántos obstáculos y como un equipo de campeones volvimos a Venezuela alzando la Copa de la confianza.

Nuestro país no es el mejor del mundo, es quizás en la actualidad el ultimo en la lista, sin embargo, hay un algo arraigado en nuestra idiosincrasia, que más allá de esta gran crisis que vivimos, nos sigue identificando como venezolanos: esa creatividad, un tanto informal pero alegre, que ponemos siempre para encontrar las maneras de alcanzar todo lo que queremos.

¡Vamos Vinotinto que si se puede, nos vemos en el Mundial Rusia 2018!

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Eran las seis de la mañana cuando llegamos a Sao Paulo. Ya se sentía en el ambiente la emoción y la energía de la Copa del Mundo. Franelas (remeras) amarillas, acentos de todas partes, distintos idiomas. Rápidamente fuimos a buscar pasaje para Fortaleza, porque en dos días teníamos que estar allá en el juego, pero ninguna compañía tenía disponibilidad para llegar a tiempo.

Desayunamos, buscamos oficina turística que nos diera información y mapas, como hacíamos en cada ciudad al llegar, y entramos a un cyber a buscar pasajes de avión por internet. Parecían un poco costosos pero podríamos reducir gastos regresando en autobús, el asunto era buscar una agencia de viajes para comprarlos, porque como ya les conté, los venezolanos no tenemos mucha capacidad de cupo en dólares para comprar por la web.

Desesperados ya por tomar una ducha nos fuimos a un hotel por recomendación de los chicos del turismo, afortunadamente tenían disponibilidad y nos dejaron tomar las habitaciones de una vez. Después de tres noches finalmente íbamos a dormir de nuevo en una cama. Nos bañamos, cada uno se colocó la camiseta de su equipo de fútbol y emocionados nos fuimos al estadio donde se llevaría a cabo la gran inauguración del Mundial Brasil 2014.

Estación de Metro

Estación de Metro

¡Qué ciudad tan gigante! Aquello era increíble, el metro tenía como unas 64 estaciones en 5 líneas diferentes. A veces subíamos tres escaleras para tomar el vagón sobre la ciudad y luego teníamos que volver a bajar para tomar uno subterráneo. Mientras más se acercaba la hora del juego mas personas con camiseta amarilla había en la calle, se aglomeraban en todas partes. Nos encontramos con venezolanos, pero también habían colombianos, uruguayos, mexicanos, croatas, chilenos, bosnios. Era una conglomeración de ciudadanías.

Estadio Arena Corinthians

Estadio Arena Corinthians

Llegamos a la última estación. La alegría y euforia en el ambiente era contagiosa. Gritos, consignas, vuvuzelas, pitos, cervezas. Todos compartiendo y caminando hacia la entrada del estadio. Trasvestis, estatuas vivientes, disfraces, banderas, personalidades, medios de comunicación. ¡Una verdadera fiesta!

Inauguración del Mundial 2014

Inauguración del Mundial 2014

Nos tomamos fotos, hablamos con muchos, llegamos lo mas cerca de la entrada que pudimos y luego intentamos pasar a una zona con pantalla para ver el juego pero fue imposible, había demasiada gente. Nos fuimos al Fifa Fan Fest y el intento por entrar fue aún mas caótico. Lo cierto es que lo vimos  en una calle con cientos de personas abarrotadas frente a un pequeño bar que puso TV hacia fuera y cada vez que Brasil hacía una buena jugada salían por las ventanas de la casa de arriba unos jóvenes gritando y moviendo su bandera. ¡Realmente fue tan divertido!

Cerca de la entrada del Estadio

Cerca de la entrada del Estadio

Explicar lo que significa estar en un país tan futbolero el día de la inauguración de una Copa de la Fifa y que este país gane el partido, la verdad que es muy difícil, es como que en unas horas todos se olvidan del hambre, de los conflictos económicos, de las diferencias políticas y las dificultades cotidianas, y cuando hablo de todos, me refiero a los mas pudientes, los del medio, y también a esa familia entera que estaba viviendo en una tienda de campaña en el parque que estaba justo atrás de nosotros, mientras veíamos el juego.

Aquella noche el cansancio y la algarabía vivida nos hizo dormir como bebés. Ya habíamos hecho el primer gol pero seguía al día siguiente ir a conocer uno de los mejores Museos del Fútbol, el del Estadio Pacaembú. La verdad es que ver la historia de los mundiales contada de esa manera fue muy lindo, yo me conecté con los recuerdos de mi niñez y el “cómo” comenzó mi pasión por este deporte. También aprendí mucho. Nos llevó casi medio día y fue bastante relajado. Al terminar nos sentamos en el bar de afuera a tomar unas cervezas y a ver el 1er juego de México en la Copa.

En el Museo del Fútbol

En el Museo del Fútbol

Aún no resolvíamos lo del pasaje a Fortaleza. Fuimos a dos agencias de viaje y tampoco había disponibilidad en avión. Aquello fue un gol en contra, ese fue el único día en que la tripulación discutió, unos querían hacerlo todo por estar allí y otros no tanto. No hubiese sido un viaje completo sin aquellas diferencias, es parte de la vida, así que nos tocó soltarlo y traernos las entradas como suvenir, no hubo manera de llegar al partido.

El recorrido por la ciudad continuó caminando por la congestionada avenida 25 de Marzo, con almuerzo en un bar muy elegante donde nos comimos las mejores hamburguesas del tour y disfrutamos sorprendidos la terrible e inminente derrota de España ante Holanda. Cuando íbamos a tomar el metro nos dimos cuenta que estábamos muy cerca del Fifa Fan Fest, así que esta vez si pudimos entrar y disfrutar de aquella divertida experiencia viendo el último partido del día, el de Chile, en pantalla gigante, rodeados de nuevo por una gran y diversa multitud.

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