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Posts Tagged ‘Uruguay’

Hace una semana mi gran amiga, socia, compinche y hermana, Maria Laura, me etiquetó en una publicación en Instagram donde promovían en Caracas un conversatorio  con un cicloturista uruguayo. No conocía para nada la historia de este joven, pero como ella sabe que todo lo que tenga que ver con Uruguay me hace brincar de una pata, pues no dudó en avisarme.

 

Confieso que no investigué nada sobre el tema pero me llamó la atención que en la publicación este muchacho decía: ¡Lléguense todos los viajeros, soñadores, emprendedores, que amen este país. Están todos invitados! Así que yo me lo tomé personal, me puse mi camiseta celeste de la selección uruguaya de fútbol, mi gorra de Uruguay y manejé durante una hora aproximadamente desde mi ciudad hasta la capital, para participar en la conversa.

 

La Plaza Miranda de Los Dos Caminos tenía una alfombra de grama artificial donde ya varias personas estaban sentadas esperando. Habían también sillas atrás, unos pendones adelante, de las organizaciones que estaban promoviendo el evento, una bicicleta  apoyada a la pared, sonido y un toldo pequeño. Todo realmente muy sencillo. En el público había muchos jóvenes, personas con sus bicicletas, adultos, padres con sus niños. Una audiencia muy diversa pero que tenían en común el verse todos contentos.

 

Me senté en el piso en segunda fila y de pronto presentan a un joven cabello largo, barbudo, delgado, con piel visiblemente tostada por el sol, gorra, varios collares en su cuello tipo amuletos, bermudas, alpargatas y chaqueta tricolor venezolana. Por el tono de su voz pude concluir que no es oriundo de Montevideo sino de alguna otra provincia de la República Oriental. Parecía que todos ya lo conocían pues lo trataban con mucha familiaridad. Le iban haciendo preguntas sobre su viaje, que pude descubrir había comenzado el 14 de marzo de 2016 saliendo desde Uruguay pasando por Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Brasil y Venezuela, con destino final Panamá.

 

Mi corazón conectó inmediatamente con su acento y esa forma pausada de hablar, que me hizo volar hacia atrás a algún banco de La Rambla sentada conversando con un amigo. Si cerraba los ojos me parecía que al escucharlo estaba en la Plaza Cagancha, pero rápidamente la pregunta de alguno de los asistentes me hacia volver a caer en cuenta que estaba era en la Plaza Miranda de Caracas, y no en el centro de Montevideo.

 

Fue realmente un momento especial, de esos instantes donde pareciera que todo es bueno, hermoso y nada puede turbar esa calma interior. Una comunión de energías y seres sintonizados en agradecimiento y apreciación. Todos querían conocer y saber mas, algunos solo le manifestaban su amor con palabras, invitaciones o dándole regalos.

 

Yo no quiero contarte su historia, no es esa mi intención, deberías conocerla por ti mismo, y es el quien mejor la cuenta. Si puedo decirte que Tabare Alonso me pareció un joven sencillo, amable, con una profunda paz y presencia. No se le sentía  ningún afán ni premura. Hablaba de su bicicleta como su mas grande compañera, y se podía notar en el un gigante desapego.

 

No me pareció que sea su largo viaje lo más valioso, sino la transformación que ha sufrido durante el trayecto. Dejó muy claro en su oratoria que no es el mismo chico que salió de su país con el deseo de alcanzar un sueño. Aquel que buscaba descubrir paisajes ahora busca conocer a las personas.

 

Quedé fascinada con su ser y su inspirador mensaje de sencillez y libertad. Pero mas encantada quedé aun con su perfecta percepción de lo mas grande que  Venezuela tiene como país, y somos nosotros, su gente. Frases como: Aquí aprendí a abrazar. Nunca había sido tratado con tanto amor, generosidad y hospitalidad. No hay gente como la de esta tierra. La Guardia Nacional me dio café y me apoyó. He sido cuidado, me han dado comida, atenciones y hasta esta chaqueta.

 

Pareciera que sus ojos pudiesen ver algo que muchos hemos perdido de vista, y esa nueva mirada venida desde fuera ha inundado de esperanzas a muchos que hoy lo siguen por las redes sociales, se llegan hasta sus encuentros, lo acompañan en bicicleta y le han aupado a que lleve esa visión a escuelas, medios masivos y comunidades.

 

De verdad que vale la pena seguir su travesía, esta repleta de lecciones simples pero muy valiosas. A mi me ratificó que no soy la única loca que piensa que todo sueño puede hacerse realidad, y que no hay un único camino para lograrlo. Me sirvió para validar mis propios anhelos, pensamientos y sentires. Me inspiró a continuar construyendo mi propia historia, y seguir confiando en mi premisa de que todos tenemos una que vale lo suficiente como para ser contada.

 

¡Gracias Tabare Alonso! Tuve que irme antes de que terminaras y me quedé con ganas de tomarme la foto, tu con la chaqueta tricolor y yo con mi camiseta celeste. A mitad de tu paso hacia Valencia, entre Caracas y Maracay, tenés una amiga en una ciudad pequeña llamada La Victoria, podés parar si querés, te hacemos una rica comida y te muestro mi bandera oriental firmada por los jugadores de nuestra Celeste. Me siento retribuida al saber que así como yo hablo hermoso de Uruguay, ahora hay un uruguayo que puede llevarle a muchos la verdad de lo que es mi magnifica Venezuela ¡Por favor no parés de rodar y contáselo a todos!

 

Ya cuando  caminaba de salida hacia mi auto, cabizbaja porque se hizo de noche y no podía quedarme mas, pensaba que ya no tendría foto para acompañar este escrito en mi blog, pero de repente una sonrisa se dibujo en mis labios al recordar tus palabras:  “Me gustaría inspirar a otros a que la vida es mas simple”. Entre risas me dije a mi misma: ¡Vamos Victoria que la vida es más sencilla, usa la creatividad y toma una foto! Aquí se las dejo, es mi recuerdo de aquel 19 de de enero de 2017 en que conocí al uruguayo que rodó para encontrar el paraíso.

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Estábamos allí relajados cenando en un puestecito de la calle principal del barrio histórico de Colonia antes de irnos a dormir, esta vez cada uno bien cómodo, para al día siguiente recorrer con tranquilidad los lindos pasajes y muelles de esta ciudad fundada por potugueses. Fue una agradable caminata, entre piedras, parquecitos, lindas casas, almuerzo en “La Pasiva” y autobús hasta Montevideo disfrutando del verde paisaje.

Llegamos a donde la adorable Lilita, nos abrió la puerta, caminé directo a la habitación y todo estaba igual que como lo había dejado. El cajón negro de cuero al lado de la cama, los banquitos de mimbre, el mismo plumón con mi nombre en sanscrito escrito con marcador en una punta, las sábanas chinas, los cojines. Era como volver a casa y me di un momento a mi misma para disfrutar del llanto, tenía como esa sensación interna de cobijo de: “al fin estoy acá”.

La bienvenida fue estupenda, llena de amor, alegría, regalos y mucha comida. Aquella noche dormí agradecida y plena en aquel cuarto que siento como mío y en donde junto a mi amiga Meme teníamos largas charlas y navegábamos por internet buscando al Don Quijote de su vida. Estaba en aquel departamento donde una vez cerré un ciclo para comenzar otro y en el que yo ando como si estuviese en mi hogar, sin vergüenza ni necesidad de pedir permisos. Era una sensación muy grata.

Empezaron las llamadas, los re-encuentros, los abrazos, las historias. Asado bajo la lluvia en la espléndida casa-vivero de Claudia diseñada por mi querido amigo Josema. Carne buena, chorizos, provolone, la especialidad de pimientos con huevo y mozzarella. Fotos, risas, recuerdos, conversaciones profundas y otras no tanto. Naturaleza, frío, estufa a leña. Calor humano, tarta de frutillas (fresas) con café o te.

Asado en lo de Claudia

Asado en lo de Claudia

Luego vino el paseo a Punta del Este, rentamos un auto y le hice un recorrido completo a mi esposo para que conociera todo acerca de mi vida en Uruguay; en donde hacía las compras, por donde salía a correr, la casa donde viví, mis lugares favoritos, toda la costa con sus pueblecitos y balnearios hasta Piriapolis. Foto en los dedos saliendo de la arena, divertido sube y baja en el puente ondulante al llegar a La Barra, bailecito en el faro de José Ignacio y el infaltable atardecer en Casa Pueblo.

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Monumento al ahogado u Hombre emergiendo a la vida

Recorrimos todo lo que pudimos, el re-inaugurado lujoso Hotel Carrasco, la Rambla de punta a punta con las novedosas letras de Montevideo iluminadas, comimos Chivito, y ya yo no hablaba con cantico venezolano sino sureño.

Nos juntamos de vuelta con los amigos en el típico Mercado del Puerto, la sorpresa inesperada de ver a Gaby, el inolvidable timbre de voz de Karina, la dulzura de Carlitos, la gentileza de Eduardo. La caminata, el café con Rose y aquella conversación que me dejó tanto.

La sorpresa: Gaby

La sorpresa: Gaby

El primer tiempo del partido lo ganó la simplicidad, la fluidez, la calma, el ritmo acompasado, la dicha sutil sin exageraciones, el cielo azul despejado, el aire fresco, la ausencia de necesidades, la sensación de libertad al manejar por esas vías sin tráfico, el verdor y amplitud de las llanuras, la incondicionalidad y entrega de los amigos del alma, el bienestar y la plenitud absoluta.

Para que negarlo si en verdad es muy obvio que yo estaba súper feliz de estar de nuevo allí en esas tierras y poder compartir con mi pareja todo aquel amor celeste que hay en mí, de mí, para mí, y que los contagió a todos porque los cuatro saltamos, jugamos, reímos, cantamos, bailamos, disfrutamos de unas perfectas vacaciones; pero aún nos quedaban muchos pases por hacer y balones que chutar, así que nos montamos en el autobús y partimos para Brasil.

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Partiendo a Brasil…

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Continúan las devaluaciones en nuestro país, cientos de protestas y manifestaciones, los estudiantes en la calle, mucha represión, la violencia se incrementa así como la escasez, y las aerolíneas comienzan a irse de Venezuela. Para el mes de abril el pasaje que habíamos comprado en 4.600 estaba costando 18.000 bolívares, y empezamos a plantearnos nuevamente la posibilidad de hacer el viaje con lo poco que pudiésemos reunir entre todos, aprovechando el ticket que pagamos a un precio que se vislumbraba jamás volvería a existir.

Había entonces que pedir al gobierno la aprobación del uso de dólares en el extranjero. Cada uno armar su carpeta, llevarla al banco y llenarse de paciencia haciendo filas de cinco horas para ser atendido. Intentamos volver a reservar entradas pero ya no habían para los juegos que nosotros deseábamos ir. Empecé a navegar por internet buscando precios de los autobuses y hospedajes adentro de Brasil. Armé el posible itinerario-presupuesto y les informé a los tripulantes que económicamente nos tocaba viajar de mochileros, decidiendo con el paso de los días a donde ir y qué hacer.

Llegó Mayo, cada uno corriendo para dejar todo listo en sus trabajos, hacer otra fila de cinco horas en el banco para retirar los 500 dólares en efectivo que nos permite comprar el gobierno, y hacer las maletas bien pequeñas, porque la aventura que estaba por comenzar no tenía nada exactamente pre-establecido, y no sabíamos a donde nos tocaría pasar las noches y los días en nuestra emocionante travesía.

Partimos entonces, lamentablemente sin uno de los integrantes del equipo, quien no obtuvo ninguna aprobación de dólares. Allí estábamos los cuatro en el aeropuerto de Maiquetía a punto de hacer realidad ese sueño mundialista. Íbamos con un mapa dibujado a medias de lo que sería el trayecto, borrador en mano para ir haciendo los cambios, con pocas expectativas pero con el equipaje repleto de ganas de ser sorprendidos por la magia de lo inesperado, listos para lanzarnos al fascinante y excitante vacío que es no saber nada de lo que nos espera…¡Que alegría!

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TRIPULANTES, Aeropuerto de Maiquetía

La primera parada fue en Buenos Aires, llegamos de madrugada y nos fuimos en taxi a casa de nuestra maravillosa anfitriona que con mucho amor nos recibió ofreciéndonos todo lo que tenía en su apartamento. Nos acomodamos, dos en un sofá y dos en una cama individual, descansamos unas horas y después de una agradable ducha salimos a la caminata mas larga de nuestra vida por toda la ciudad.

El primer autobús que tomamos lo hicimos hacia el lado contrario, pero a tiempo re-ubicamos nuestro sentido y en unos minutos ya estábamos en el centro caminando por la concurrida peatonal Florida, tomándonos fotos en el Obelisco de la ancha avenida 9 de Julio, y saludando a los muñecos tamaño real de los famosos Maradona, Messi y el más popular en la actualidad, el del Papa Francisco, que es quien ahora da la bienvenida en el colorido y típico “Caminito” del barrio La Boca.

Era momento ya de entrar a la cancha a hacer el reconocimiento previo y lo hicimos en el estadio del Boca Juniors “La Bombonera” recorriendo sus pasajes, su historia, sus copas y reconocimientos, sus jugadores, las gradas, el brinco ensordecedor de los hinchas sobre los vestidores de los visitantes, el salto sobre las rejas cuando se hace el gol, y su precioso pasto verde.

Aquel día terminó con paseo en San Telmo, el lujoso Puerto Madero iluminado de noche, la Casa Rosada, y la cena en el célebre Café Tortonis en la calle Corrientes acompañados por Gardel y Alfonsina; para luego dormir apretujados unos a otros y tener fuerzas para ir de mañana al Hipódromo, al Cementerio de Recoleta con la tumba de Evita, y culminar con la relajante caminata por los bosques de Palermo y el maravilloso encuentro con mi amigo Marcos en La Rosaleda.

Por supuesto que antes de tomar el barco para Uruguay no podía faltar el rico choripán como una de las comidas de aquella parada porteña. Dijimos adiós al país albiceleste y llegamos por Colonia del Sacramento al celeste Uruguay que me cobijó por años. Sur Hostel tenía disponibilidad de habitaciones y fue nuestra casa dando inicio así al mas tranquilo y rítmico primer tiempo del partido. Mi ser como pez que vuelve a sus aguas empezó a nadar más aclimatado, fluido y asentado que de costumbre…

Colonia del Sacramento, Patrimonio de la Humanidad

COLONIA DEL SACRAMENTO, Patrimonio de la Humanidad

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Anunciaron en el 2010 que la siguiente Copa del Mundo sería en Brasil y empezó el sueño de estar presente en el emocionante evento que se realiza cada cuatro años.

Ocho meses de ahorros para comprar el pasaje mas económico encontrado cuyo destino era Buenos Aires. Siendo Octubre 2013 al menos ya teníamos boleto a uno de los países más futboleros del continente con dos triunfos en su haber en este tipo de campeonatos. Uno de los tripulantes para este viaje es fanático del Boca Juniors, así que empezaríamos el recorrido con visita al famoso estadio “La Bombonera”, donde debutó en la selección argentina la gran y polémica estrella Diego Armando Maradona.

Con pasajes en mano comenzó la agonía por encontrar las entradas a los partidos. La inauguración por lo histórico del asunto, además de ver jugar a los pentacampeones en su casa y que mi esposo gritara los goles de su equipo. Un juego de mi amada selección celeste, que era la primera y más importante razón de semejante viaje. Y un partido de la albiceleste porque en el grupo iban dos hinchas, y además, ver jugar a Lionel Messi en vivo sería para todos un gustazo de lujo. Esa era nuestra meta.

Para el juego inaugural nunca encontramos entradas. Reservamos por internet en la primera fase de ventas los tickets para nuestras otras dos opciones, veríamos el partidazo Uruguay-Inglaterra, y el menos importante, Argentina-Bosnia. No contábamos con el limitante control de cambio venezolano, no todos teníamos tarjetas de crédito y el cupo permitido para compras por internet no nos alcanzaba. Usamos la tarjeta de crédito de USA de mi padre, pero entonces el titular tenía que asistir a los juegos porque todas las entradas salen a su nombre. Nos arriesgamos y mantuvimos la reserva que sería confirmada por la FIFA el último día de Enero del 2014.

Inició la lucha por que algún banco se apiadara por dar a todos los tripulantes de nuestra aventura una tarjeta de crédito que debía ser emitida  a mas tardar en Noviembre, porque en Venezuela no se puede comprar dólares en casas de cambio, el gobierno pone la cifra de cuántos dólares puede usar cada ciudadano para cada viaje según destino y tiempo, y es a través de una tarjeta de crédito la mayor cantidad de dinero autorizado. Para que el cupo sea aprobado el cartón de plástico debe tener como mínimo seis meses de emisión. Dos pasajeros ya teníamos tarjeta, otro tenía pero estaba bloqueada para uso de moneda extranjera y tendría que comprar dólares en el mercado negro. Uno respiró hondo cuando le llegó la tarjeta el día antes del límite para poder ser usada, y el último, no lo logró.

Sin embargo, este grupo de cinco amigos fanáticos de este deporte, seguíamos con los planes y con el sueño vivo de asistir a un Mundial que nos quedaba relativamente cerca. La idea era cruzar en barco desde Buenos Aires hasta Montevideo, así yo aprovechaba de visitar amigos en mi Uruguay querido y conocíamos el mítico estadio Centenario donde se llevó a cabo la primera Copa del Mundo organizada por la FIFA que se ganara el anfitrión. Estaríamos pisando la tierra del país que en 1950 le quitó el triunfo a los más grandes de la historia del fútbol en su propia casa en aquel legendario “Maracanazo” donde La Celeste venció a La Canarinha 2 por 1.

Para llegar y recorrer Brasil usaríamos transporte terrestre parando en todas aquellas ciudades del sur donde se disputarían encuentros, hasta llegar a la fascinante y carnavalesca ciudad de Río de Janeiro. El regreso sería haciendo el mismo recorrido por estos tres países de historial futbolístico. Hasta ese momento parecía una excelente y posible aventura.

En Enero el gobierno de Venezuela anuncia una exabrupta devaluación que tiñe nuestras ilusiones, necesitábamos ahora el doble del dinero estipulado para poder llevar a cabo nuestro viaje soñado. El cupo en dólares aprobado para viajar y para hacer compras por internet baja  y comienza la crisis económica mas grande que yo en mi corta edad haya vivido. Con mucha tristeza renunciamos a las entradas para los partidos que teníamos reservadas y que nos serían confirmadas y enviadas en tan solo 10 días…

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Sin itinerario preestablecido más que el fluir de la vida llevándome de un lado a otro sin amarras. Sin más otro equipaje que mi alma. Aquel viaje lejano de mi tierra y de mis raíces me fue haciendo recorrer distintos parajes, diferentes escenarios con personajes múltiples, de distintas tonalidades y acentos, hasta que un día me quedé asentada en un paisito en el cono sur de América Latina.

Allí pasé cuatro de los años más hermosos de mi vida, y a pesar de que mi diario quehacer no me daba para conocer tanto del lugar, la calma de sus vastas llanuras onduladas y surcadas por colinas de escasa elevación, ya era suficiente para querer quedarme a pernoctar ahí para siempre. Su aire con aroma natural es una de sus cosas más placenteras, esa sensación de estar siempre en un campo. La humedad que no llega a ser desagradable y aquella falta de ruido, que quizás para algunos es ensordecedora pero que a mi particularmente me fascina. Ni siquiera su ciudad capital tiene aquella vorágine que caracteriza a las más grandes capitales del mundo. Es un país con un ritmo que puede parecer  lento en comparación a otros lugares pero, que acompasa conmigo perfectamente.

De las cosas más lindas que disfrutaba hacer estando allí, era correr por la rambla o directamente por la arena sintiendo la brisa en el rostro, a veces muy fría en el invierno, pero deliciosa. También, manejar por sus rutas con poca afluencia de autos y ver tanto ganado y hermosos caballos a lo largo de sus carreteras. Una república pequeña sin duda, con pocos habitantes. Un lugar reposado.

Más allá de que  fue viviendo ahí que tuve la oportunidad de aprender grandes y maravillosas cosas sobre mi misma y sobre los seres humanos. Aunque no fue el país como tal sino mi actividad lo que me llevó a conocer a tantísimas personas no solo lugareñas sino de distintas partes del mundo, me es imposible olvidar que fue estando en Uruguay que encontré seres tan profundos y sensibles, amigos que llevo conmigo a donde sea que me encuentre, uniones que no ameritan llamadas de todos los días ni tantas palabras, basta un cerrar de ojos o un mensajito para saber que siguen ahí cerquita de uno. Esa gente a la que el corazón le canta cuando se enteran que yo soy feliz, y que aunque ya no me vean ellos me sienten y aunque ya no los vea yo los siento, porque lo que nos acerca es el amor y no la añoranza.

Así empezó esta travesía llena de emociones, miles, tantas, que es difícil contarlas. Pero aquella,  cuando en el 2010 la Selección Nacional de Fútbol, deporte que me apasiona desde niña y que en mi país no solía practicarse con tanta afición como el beisbol, va clasificando y pasando de ronda en ronda en el Mundial, y se va generando una energía avasalladora que se empieza a sentir en las calles, en todos los rincones… En los locales comerciales, en las tiendas, en los supermercados se flameaba la bandera, en la radio y en la televisión se escuchaba la canción de La Celeste. Aquella fue una experiencia súper inspiradora.

Por un lado fue un retornar a mi infancia cuando veía todas las copas del mundo acostada con papá, hinchando por otros equipos porque Venezuela ni se asomaba por aquellos campeonatos. Recuerdo adorar a Pelé y tener a Diego Armando Maradona como mi ídolo. Estando ya en la universidad, nos íbamos con mis amigos a los bares a ver los partidos. Estaban los que iban por España por tener padres españoles, los que iban por Italia por tener abuelos italianos y también los que apoyaban a Alemania por sus raíces alemanas. Luego estaban todos los demás que al no tener parientes extranjeros simplemente eran fanáticos de Brasil.

Fue aquella selección del Mundial 2010 quien finalmente tiñó mi corazón de color celeste. No me perdí ningún juego y me enamoré de aquella garra charrúa en el campo que mostraron esos jugadores, imbatibles, vehementes, enardecidos, que nos dieron tantas alegrías y por quienes grité, lloré, caravaneé ¡Qué intensidad aquella! Montevideo parecía estar de fiesta, pintada de celeste la estatua del Papa Juan Pablo II en el cantero central del Bulevar Artigas, los uruguayos estaban más alegres que nunca, entusiasmados, esperanzados, agradecidos; y yo, era una más de ellos, me había convertido en uruguaya y por fin tenia a la selección de mi país en una Copa del Mundo.

Esos fueron días tan bonitos y aquel 4to lugar fue una gran victoria. A mí me dejó muchísimo, me hizo recordar que está bien tener ese tipo de emociones, esas pasiones desenfrenadas, que hay cosas maravillosas en la vida que existen para disfrutarlas, que es lindo jugar y tener ilusiones, y que de todo, hasta lo más banal, puede obtenerse tanto amor, aprendizaje y sabiduría…

Cuando regresé a Venezuela ese mismo año, me vine cargada de revistas, libros, fotos, camisetas, bandanas y el mouse pad  de la selección. Mi bandera uruguaya está colgada en la puerta de mi habitación y en mi maleta me traje un sueño que no pude alcanzar: conocer a los jugadores y en especial a quien obtuvo el  Balón de Oro como mejor jugador 2010, Diego Forlán.

Así pues que este lunes 10 de junio me dispuse a tomar un autobús para viajar doce horas a ver el juego de las eliminatorias Brasil 2014 entre Venezuela y Uruguay. Con el entusiasmo de una niña me fui con toda mi ropa vinotinto pero también con todas mis cosas celestes, y la primera gran sorpresa del viaje fue enterarme que mis padres estaban hospedados en el mismo hotel que estaban todos los jugadores y la delegación uruguaya. Cuando entre al lobby por un momento sentí estar de vuelta en el paisito, todas las personas hablaban con ese acento divertido que me trae tan bonitos recuerdos, y lo más gracioso era que todos me saludaban creyéndome también uruguaya, porque yo andaba vestida de celeste. Me puse mi gorra oriental y decidí no hablar mucho, así no se daban cuenta que yo era una especie de paparazzi encubierta. Me encontré con Suarez y Pereira en el gimnasio pero estaban a puertas cerradas. Me planté en la recepción hasta que finalmente bajó Arévalo. Me le acerqué, le conté de mi experiencia y el, gentilmente y con timidez, conversó conmigo.

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Egidio Arévalo Ríos

Llegó la hora del partido y los jugadores no salieron de sus habitaciones, pero ya era tiempo de ir a gritar por la Vinotinto. Me cambié de ropa y me fui entusiasmada a ver mi primer juego de fútbol en vivo ¡Qué bello el campo, que colores! El estadio se fue llenando todo de color vino y la energía iba subiendo. Estaba sentada en la primera fila casualmente justo detrás de la banca uruguaya y encima de sus camerinos. Empezaron a salir los celestes a calentar y los veía tan de cerca que no podía creerlo. Saqué mi cartel y cuando regresaban se los mostraba como adolescente dando saltos. Lugano alzó su cabeza, se paró a leerlo y me dio unas gracias que se sintieron muy sinceras. Imagino que el pensaría: una loca que nos quiere mientras todos nos pitan. El seductor Eguren me guiñó con esos ojos verdes al leer mi letrero.

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En el Cachamay

Salieron los vinotintos y un grito estruendoso sonó como salido del cielo. Se acabó el calentamiento, ya casi iba a empezar. Sacaron las dos banderas, mis dos banderas en un mismo estadio, pensé que ya no podía haber nada que me alegrara más, pero cuando empezó a sonar el Himno de Venezuela, por un momento este país ya no estaba dividido, todos unidos cantábamos al unísono en un coro apasionado a todo volumen, y empezaron a correr lagrimas por mis ojos…

Realmente todo fue hermoso. Grité, brinqué, me mojé con la lluvia, peleé con el árbitro. Nuestro equipo jugó como nunca, y el sueño de ir a Brasil se sentía latir en todos los corazones venezolanos. Por primera vez no celebré un gol celeste y al sonar el pitazo que anunciaba el fin del partido me sentí triste al ver el comportamiento de algunos de mis compatriotas arremetiendo contra la delegación invitada ¿Estaremos listos como selección de fútbol, como fanaticada y como sociedad para ir a un Mundial? El tiempo nos dará esa respuesta…

Al día siguiente eran las seis de la mañana y ya no podía dormir. Me levanté, me arreglé y me fui nuevamente al lobby del hotel donde estaban mis padres. Tomé un café y me senté a conversar con mi amiga, comentábamos sobre el juego, la experiencia, las probabilidades que nos quedan como equipo y ¡oh sorpresa! empezaron a bajar uno a uno los jugadores celestes. Aquel sueño no cumplido se hacía realidad.

Debo confesar que todos se ven más jóvenes y guapos que en televisión y en fotos, cada uno distinto en personalidad pero en su mayoría muy gentiles. Destaco la simpatía y apertura de Diego Ruso Pérez, y la amabilidad de Muslera al parar su rutina de ejercicios para hacerme pasar exclusivamente al gimnasio y firmar mi bandera. Pero son dos especialmente ante los cuales me quito el sombrero, y no por casualidad son quienes representan y muestran la categoría de ese grupo: Su Director Técnico, El Maestro Óscar Washington Tabárez, señor mayor, serio, calmado, muy educado y paciente; y su Capitán, Diego Lugano, extremadamente atento, servidor, poniendo a sus compañeros por encima de él mismo, un caballero.

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Director Técnico

Soñamos todos los venezolanos con ir a un Mundial y estoy segura llegará ese momento, hemos mejorado toneladas, por primera vez estamos realmente jugando fútbol y hay un grupo de muchachos que nos están dando muchas satisfacciones y que siguen luchando. Yo voy a ponerme mi camiseta vinotinto siempre, pero aunque han pasado los años y ya no vivo en Uruguay, mi corazón sigue siendo celeste. No porque hayan ganado la Copa América, no porque sean los cuartos del mundo, es por todo lo que ellos me han dado, por las enseñanzas que me han otorgado como selección, por su ejemplo, por lo que ha significado para mi la experiencia vivida con ellos…

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Capitán

Estamos vivos para VIVIR, estamos vivos para SOÑAR, estamos vivos para hacer TODO lo que deseamos, para TENER todo lo que queremos ¿Qué nos limita entonces? Nosotros mismos… pero con paciencia, disciplina, constancia y dando lo mejor en cada momento con mucha pasión, humildad y entrega, cuando menos lo esperamos, cuando solo jugamos como niños a lo que nos place en cada instante, sin poses, ni juicios, sin temor al qué dirán, con respeto a los demás,  el universo nos da aquello que una vez nos atrevimos a desear…

¡GRACIAS CELESTE!

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Mi libro de Forlán con su firma

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